imagotipo

Desde tierras olímpicas

  • Alberto Lati

Nada más favorecedor para que operen las redes de terrorismo, que las nuevas tecnologías: llamadas, mensajes, alertas, correos electrónicos, redes sociales, todo un universo de opciones para comunicarse por debajo del radar de las autoridades.

Por ello no puede sorprendernos que las agencias brasileñas de seguridad hayan admitido la posibilidad de bloquear los dispositivos móviles en determinados momentos de Río de Janeiro 2016.

Episodios recientes, como los atentados en París y Bruselas, han revelado las maneras en que los terroristas se coordinaron y pusieron en contacto.

Lo mismo aplica a drones que eventualmente sobrevuelen áreas sensibles sin autorización durante los Olímpicos. Según se explicó, serían desviados y derribados en territorios neutrales.

Brasil, a diferencia de otros países sede, no tiene enemigos externos que directamente pretendan hacerle algún mal o atacarle. Sucede que estos Juegos acaparan tal cuota de reflectores que cualquiera que tenga deseo de dar notoriedad a una causa o reivindicación, ve en ellos un blanco idóneo. Por ello, ninguna medida sobra. ¿A qué precio? Al de inclusive convertir una ciudad que habría de ser puro festejo y pasión deportivos, en una fortaleza; no nos engañemos, eso desde hace mucho tiempo ya no es ni puede ser así: cateos, patrulleo, cinturones y perímetros de seguridad, restricciones, revisiones.

Sí, es un problema que viene desde Múnich 72, con el ataque a la delegación israelí en plena Villa Olímpica. Un problema que, conforme el planeta se ha hecho más y más convulso, solo ha elevado su complicación.

Cuatro años atrás, en Londres 2012, el colmo fue contemplar portamisiles a unos metros del Parque Olímpico. Pero si las autoridades piensan que así garantizan la integridad de todos y que así disuaden o evitan contrariedades, no hay mucho que alegar.

Lo de los celulares bloqueados pasa más seguido en eventos deportivos de lo que nos enteramos. Muchas veces pensamos que es un problema de cobertura o recepción, cuando ha sido una medida policial o militar.

Pese a la inmensidad de sus fronteras, el de la seguridad o a amenaza externa no parece el mayor problema de Brasil hoy. Otra cosa, es la tensión social con que se reciben estos Olímpicos.

Twitter/albertolati