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Desde tierras olímpicas

  • Alberto Lati

Una decisión polémica cuyo éxito o fracaso comenzaremos a medir a partir de este mes de agosto: la inclusión del rugby, en la modalidad del Rugby Seven, en el programa olímpico.

La última vez que intervino en estos Juegos, fue casi cien años atrás, en París 1924. Su diferencia en relación con el rugby convencional (ese que tritura récords de audiencia en Australia, Sudáfrica, Inglaterra, Nueva Zelanda, incluso Francia) es que los equipos se conforman por siete jugadores y no por quince, en una cancha del mismo tamaño que la habitual; eso lo hace muy emocionante y frenético, con demasiados puntos por partido; por ello también, dura apenas veinte minutos (dos mitades de diez) contra los ochenta minutos del rugby clásico.

Me he referido de entrada a la polémica, porque el béisbol había salido del programa olímpico, tras Atenas 2004, precisamente por no ser popular en tantos países, por su carácter no tan global. Queda claro que el rugby, por otro lado apasionante, es menos multinacional. Un gran esfuerzo encabezado por los dirigentes británicos y australianos, logró ese codiciado sitio desplazando a multitud de especialidades que luchan por entrar (pensemos, por ejemplo, en futbol americano, boliche, cricket, pelota vasca o deporte motor).

En Río 2016 no estarán los grandes rugbistas del mundo, que por esas mismas fechas seguirán con su calendario convencional de partidos y que, es imprescindible aclarar, tienen una preparación distinta; como si seleccionáramos a futbolistas para futbol rápido o sala. En los Olímpicos estarán los que se han enfocado de origen al Rugby Seven; ellos batallarán por generar suficiente atención internacional, como para mantener a la disciplina en próximos Juegos (al menos para Tokio 2020, está confirmado).

Me he referido al rugby y no al otro gran retorno, que es el del golf tras 112 años de ausencia, por ese factor de la repercusión mundial. El golf, con varios de los grandes golfistas en Río 2016, tiene segura su continuidad. A escrutinio, el Rugby Seven que, puedo asegurarle, si lo ve quedará fascinado con su ritmo y emoción.

Twitter/albertolati