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Desde tierras Olímpicas

  • Alberto Lati

Alberto Lati

Cuando todo era felicidad, cuando la economía brasileña crecía más del 7 por ciento anual, cuando su clase media se incrementaba a proporciones jamás imaginadas, cuando un país en vías de desarrollo era capaz de arrebatar una sede olímpica nada menos que a Estados Unidos, Japón y España, cuando la sonrisa de Lula bastaba para pensar que todo mal sería remediado, por entonces, Dilma Rousseff clamó: “¡Dios es brasileño!”.

Por si semejante auge económico y político no bastara, inmensos yacimientos de petróleo habían sido descubiertos unos kilómetros al sur de Río de Janeiro. La inversión para extraerlo sería récord, aunque mucho más los beneficios.

A un lustro de distancia y con los Olímpicos de Río de Janeiro muy próximos a ser inaugurados, numerosos brasileños ruegan porque algo de lo dicho ese día por la exultante y hoy juzgada Dilma, sea cierto: que Dios sea brasileño o, en el peor de los casos, que se apiade de su país.

La noticia del pasado viernes no es más alarmante que muchas de las surgidas en los últimos días, aunque desde un punto de vista organizativo, sí refleja un caos: que el laboratorio que estaba destinado a efectuar las pruebas antidóping de los Juegos, ha sido inhabilitado por la Agencia Mundial Antidopaje (WADA por sus siglas en inglés).

Eso significa que casi con toda probabilidad, porque parece difícil un cambio de parecer en apenas cinco semanas, los test para detectar sustancias prohibidas serán efectuados en el exterior.

Primera precisión: así ya aconteció en el pasado Mundial 2014, cuando el mismo laboratorio fue suspendido por discrepancias en sus rangos de testosterona, pese a que antes había recibido una inversión mayor a los 7 millones de dólares. Segunda precisión, que apenas una treintena de países cuentan con laboratorios certificados a ese nivel por la WADA, aunque Brasil sería el primero en recibir unos Olímpicos y no poder cumplir con esos análisis (más grave con la actual notoriedad de ese rubro por la suspensión del equipo ruso de atletismo).

Por retomar antecedentes en mega eventos deportivos: Londres 2012 creó un gran recinto para detectar doping de la mano de la Universidad King´s College de esta capital. Sudáfrica 2010 hizo lo propio con un gran proyecto en el Departamento de Farmacología en la Universidad de Bloemfontein. Beijing 2008 dio lugar a un gran laboratorio que a la fecha sigue siendo un referente asiático en esta materia. Alemania 2006 dispuso de programas alternos en las ciudades de Colonia y Kreischa. Atenas 2004 lo instaló en su mismo Comité Organizador al norte de la ciudad. En Corea-Japón 2002, la base fue el Instituto Coreano de Ciencia y Tecnología (KIST) que ya en Seúl 88 había detectado la mentira de Ben Johnson.

El Brasil que deseaba mostrarse como moderno, pujante, ejemplar, ya solo quiere que esta pesadilla termine.

Si Dios es brasileño, ruegan los locales ante la Virgen de Aparecida, es momento de que eche una mano.

Twitter/albertolati