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Desde tierras Olímpicas

  • Alberto Lati

Alberto Lati

Los Juegos todavía no empiezan y las diversas autoridades brasileñas ya se están repartiendo culpas por un desenlace que temen malo: el elevado gasto, las promesas incumplidas de rehabilitaciones ecológicas, los problemas para garantizar de seguridad, la imagen ofrecida por el país sede al mundo.

A un mes de que iniciara la Copa del Mundo 2014, Brasil era un hervidero de protestas. Tanta animadversión a recibir el Mundial, que pocos comercios en Río o Sao Paulo se atrevían a decorar sus escaparates. Apenas en remotos sitios como Cuiabá y Manaos podíamos encontrar verdadera euforia por estar recibiendo el torneo más relevante del futbol. No olvido que varias personas me comentaban que si el certamen estuviese por ser disputado en otro continente, todas las calles y comercios ya estarían pintados con banderas, lo cual increíblemente no acontecía con la Copa en su propia casa. Por esos días inició concentración la selección verdeamarela y fue con bloqueos a su camión, enredada en ásperas manifestaciones.

El escenario es distinto a cuatro semanas de que comience Río 2016. Será que los brasileños se cansaron de marchar (no olvidemos que vienen de un proceso de juicio político a su presidenta y del ascenso al poder de un personaje poco legitimado), será que el humor social y la depresión ni siquiera dan para salir a gritar, pero el clima adverso no se escucha atronador si estamos en Río de Janeiro –y digo lo anterior a un par de días de una manifestación por personas afectadas o desplazadas por los Juegos.

El clima adverso se lo reservan, como decía unos párrafos arriba, los políticos. Tras la declaración del gobernador del Estado de Río de encontrarse en “calamidad pública” y la liberación de 900 millones de dólares de fondos federales para garantizar la seguridad, ahora el que brinca es el alcalde carioca: que le genera tranquilidad que el Gobierno estadual no vaya a ocuparse de la seguridad olímpica, porque “el Estado está haciendo un trabajo horrible, ellos están fallando en cuidar la seguridad”.

El verdadero trasfondo del ataque es su molestia al ver que el Estado utiliza a los Juegos como pretexto para su crisis financiera.

¿Gente protestando en las calles? No hace falta. En este 2016, ese rol lo desempeñan los políticos en Brasil.
Twitter/albertolati