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Desde tierras olímpicas

  • Alberto Lati

Ningún Comité Organizador se hace ya ilusiones: desde hace unos buenos años, todo recorrido de la antorcha ha quedado marcado y empañado por protestas e interrupciones.

Si a lo anterior se añade la actual crisis brasileña, es evidente que lo desatado en Brasilia al inicio del camino brasileño de la flama de Río 2016, resulta apenas una muestra de lo que viene.

Factores como la frágil situación de la presidenta Dilma Rousseff y la contracción económica del gigante sudamericano, son explosivos adicionales para un coctel ya de por sí amplio en dinamita: inconformidad por el gasto que implica recibir los Olímpicos, descontento por la corrupción en sus autoridades, molestia por la imagen internacional brindada con tan demorados preparativos, la sensación de haber sido traicionados en los sueños de crecimiento y prosperidad.

Sin embargo, el problema no es sólo del país sede; en una coyuntura mundial en la que nadie se queda callado, la antorcha es foco idóneo para externar y dar notoriedad a opiniones adversas.

El colmo del martes en Brasilia fue que, manifestaciones y choques al margen, se apagó la flamaen dos momentos, aunque vale la pena una aclaración: que más allá de la llama que arde en la antorcha, siempre existe un “fuego madre” guardado en un recipiente (como el de la antorcha, proveniente de Olimpia y producto del encendido original en el Templo de Hera).

Así que lo de los apagones genera desconcierto y quita elegancia al instante, pero no es grave. Sí lo son las protestas, menos evitables y remediables que lo anterior.

Para entender lo que esto se ha modificado en una escasa década, consideremos que la organización de los Juegos de Atenas no tuvo problema en celebrar el regreso del olimpismo a su cuna con un recorrido que tocó casi treinta países. Cuatro años después, con motivo de los diversos temas pendientes de China en materia de Derechos Humanos y en la específica situación del Tíbet, el COI entendió que necesitaba suprimir la ruta extranjera, limitándose a Grecia y Reino Unido.

El recorrido por la nación anfitriona ya es lo suficientemente convulso, como para añadir más países y continentes. Claro, es maravilloso el simbolismo de llevar esa ilusión a cada confín del planeta, pero poco recomendable.

Botargas del expresidente Lula vestido de reo, letreros de Tchau querida! (Adiós querida, como se ironiza sobre la caída de Dilma de la presidencia) y mucha tensión en Brasilia. Eso apenas en el primer día…, y lo que sigue: en Brasil o fuera de Brasil, la antorcha ya es así.

Twitter/albertolati