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Desde tierras Olímpicas

  • Alberto Lati

Basta caminar unos pasos por la Villa Olímpica de Río de Janeiro 2016 para notar que es muy especial: su distribución, sus espacios, sobre todo su ubicación entre lagunas y el oleaje del océano Atlántico. Más especial, diría yo, que las erigidas para las anteriores ediciones de estos Juegos: la de Londres 2012 en el East End y pegada al centro de televisión de esa justa; la de Beijing 2008, en el complejo de Olympic Green, aunque tenía poco de verde y en días de contaminación era invisible a escasos ochenta metros; la de Atenas 2004, muy lejana, al noreste de la capital griega en el suburbio de Parnitha.

No obstante, hay un problema pendiente que ya tendría que estar solucionado con la Villa de Río: su drenaje. Pospuesto por varios meses, es apenas en estos días cuando termina de atenderse tan indispensable situación.

Hace un par de meses, trascendió que Río de Janeiro había rescindido su contrato de colaboración con el consorcio de aguas de la zona en donde se ubica la Villa Olímpica. En ese momento se entendió esa decisión en virtud de que los dos operadores de ese consorcio resultaron implicados en el escándalo nacional de corrupción. Lo que no quedó tan claro es qué se haría para que la Villa Olímpica y todo su repentino trajín no impactaran negativamente a la ecología de la región. Hoy la respuesta es que nada se hizo al respecto y que el drenaje, terminado de última hora, contribuirá a que más espacios naturales de Río se contaminen.

Las lagunas de la localidad de Jacarepagua, como la bahía de Guanabara o la Lagoa Rodrigo de Freitas, tenían que haber sido limpiadas, eso al menos dictaba el compromiso en papel. No obstante, no sucederá. Es decir, ninguna de las promesas ecológicas de Río 2016 se convertirá en realidad.

Todo lo que se deseche desde la Villa Olímpica como del Parque Olímpico, irá directo a las aguas cariocas. En eso quedará el proyecto de drenaje que se culmina contra el tiempo. En eso quedará la ilusión de que tras los Juegos se respiraría y viviría mejor en esta ciudad. En eso y en los malos olores que son inevitables; olores que contrastan con la belleza única que la naturaleza obsequió a este rincón de Brasil.
Twitter/albertolati