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Desde tierras Olímpicas

  • Alberto Lati

Neymar ha vuelto a ser enviado a la guerra en perfecta soledad y sin apenas armamento.

Si en el pasado Mundial de Brasil 2014 ya era desmesurada la dependencia que la selección local tenía de lo que generaran las piernas del atacante del Barcelona, en los Olímpicos de Río 2016 esa necesidad torna alarmante.

La primera lista verdeamarela, con Douglas Costa incluido, ofrecía una genuina alternativa a lo que Neymar pudiera aportar: hábil, desequilibrante, talentoso, con carácter, el volante del Bayern Múnich parecía el hombre perfecto para descargar al 10 del scratch y descentralizar al equipo.

Su lesión y sustitución por Renato Augusto como refuerzo mayor, evidencia algo que no es nuevo, pero sí cada vez más evidente: que el futbol de Brasil no tiene mucha más tela de dónde cortar.

¿Qué habría pasado si previo a Londres 2012 se hubiese lesionado Hulk o antes de Beijing 2008 hubiese causado baja Ronaldinho? Varias opciones de reemplazo ofensivo, tan distinto a lo que ha acontecido ahora. Bien puede argumentarse que eso se debe a los jugadores que no fueron reservados por utilizarse en la Copa América Centenario; la realidad es que, quitando a Willian o a PhilipeCoutinho, ni siquiera en ese plantel había mucho más y así de mal le fue.

Es el momento entonces de Gabriel Jesús, ofensivo del Palmeiras que ha sido proyectado como el nuevo Neymar, aunque todavía de escasa experiencia en primera división y con no más de treinta goles en su haber.

A unos meses del pasado Mundial, escribí en este espacio que el plan A de Brasil era Neymar y el plan B que no llegara a faltar Neymar. Tan cruel fue el destino, que a partir de semifinales faltó y Brasil colapsó.

Todo lo anterior, en medio de la exigencia nacional tanto por ganar esa medalla de oro pendiente, como por resarcir dos afrentas padecidas en casa: la remota pero perpetua derrota del Maracanazo en 1950 y la reciente goleada en el Mineirazo.

Por si hiciera falta que Neymar acuda a esta guerra en mayor abandono, Brasil estrena cuerpo técnico tras la convulsa salida de Dunga.

Algo más que plenitud y suerte va a necesitar para llevar a esta selección a su único podio pendiente.
Twitter/albertolati