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Desde tierras Olímpicas

  • Alberto Lati

¿Otra oportunidad perdida? Unos días atrás, el alcalde de Río de Janeiro, Eduardo Paes, admitía: que los Olímpicos han sido otra ocasión desperdiciada por Brasil.

En eso pienso mientras estoy parado frente al Parque Olímpico de Río 2016 y leo un letrero que asegura que el legado de los Juegos trascenderá al evento mismo. En eso pensé antes, cuando aterricé en el incómodo aeropuerto Tom Jobim y vi un caos en migración, en cambio de divisas, en el proceso de acreditación, en cada acceso, en las avenidas que lo enlazan a la ciudad. En eso pensaré después cuando vea trabajos en la periferia de la Villa Olímpica (sin luz unos días atrás), cuando perciba un fétido olor, cuando compruebe que, por todos lados, esta no es la imagen que Brasil merecía proyectar en su segundo megaevento deportivo en dos años. En eso acaso pensemos cuando sepamos en una semana si finalmente se pone en funcionamiento la línea de metro que ha de conectar a Barra de Tijuca con la zona turística de Leblón-Ipanema-Copacabana.

Por poner paralelos: Londres y Beijing perdieron económicamente con sus Olímpicos (buscarles cara de negocio es ya absurdo y desapegado de la realidad), pero eso no significa que hayan desperdiciado su oportunidad. Sí, tuvieron que haber gastado menos y con mayor apego a lo que se usaría en un futuro. Como sea, el este de la capital británica es hoy otro y la cultura de esas islas se proyectó de una manera tan prodigiosa, como la china cuatro años antes.

Brasil, en tanto, llega a sus Olímpicos en mejor condición de lo que llegó a su Mundial, pero eso de ninguna forma ha de verse como punto de orgullo o consuelo: al menos esta vez los escenarios sí están concluidos (dicho, pese a que el velódromo no pudo ser probado).

Unos Juegos que a dos semanas pintan para estar apegados al tema del dopaje. De forma agónica, se ha anunciado que el laboratorio para detectar sustancias ilegales ha vuelto a ser certificado por la WADA en estos días finales de preparación. Algo que no me sorprende porque a fines de junio, Carlos Nuzman, presidente del Comité Organizador, adelantaba esa información en exclusiva a Fernando Schwartz.

Al margen de eso, la situación rusa acaparará este debate. El TAS ha dicho que no a los exponentes de pruebas de pista y campo, con lo que sólo queda aguardar el veredicto de un COI renuente a expulsar del todo a Rusia, pero al que quedan pocas vías para evitarlo. Es decir, estos Juegos pueden verse como parteaguas en el combate contra el dopaje, mas también como una regresión a la ruptura política (porque el problema del doping en Rusia, es de origen político y orquestado por políticos, de ahí la necesidad de endurecer sanciones en su contra).

Como sea, Brasil reflexiona: ¿Oportunidad perdida? Sí y eso ya no cambiará. Hoy solo queda a los cariocas disfrutar del festín de 17 días y resignarse a que esto pudo, tuvo, debió ser mucho mejor para las siguientes generaciones.
Twitter/albertolati