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Desde tierras olímpicas

  • Alberto Lati

Desde la escuela sudafricana que decidió llenarse de casas de campaña para alojar a turistas, hasta el descampado alemán a media carretera que rentó espacio para que se instalaran coches para hacersus noches durante el Mundial, pasando por los hoteles brasileños a media favela o los hutongs (barrios tradicionales chinos) que rentaron minúsculos departamentos a quienes acudieron a Beijing 2008: la oferta de hospedaje en los mega-eventos deportivos se ha ido abriendo hacia puntos inimaginables, se ha dirigido a opciones poco convencionales.

La obvia razón, son los precios que tiene una habitación en un periodo tan saturado y, sobre todo, la imposibilidad de buena parte de los aficionados de pagar esos montos: ¿500 dólares, 700 dólares, 1,000 dólares? Cifras que llega a costar un cuarto por día sea en Mundial, sea en Olímpicos.

Desde esa perspectiva, toda persona que viaje a Río de Janeiro 2016 desearía hospedarse en Copacabana o Ipanema, disfrutando del oleaje del océano Atlántico en su ventana y de las máximas atracciones turísticas a unos metros. Lo mismo quien haya estado en Londres 2012, hubiera elegido dormir en alguna de las calles más emblemáticas de esa capital o en Sudáfrica 2010 en algún sitio cercano a la Mandela Square en el más privilegiado Johannesburgo.

En ese sentido, Río 2016 incluye un par de problemas adicionales: insuficientes camas disponibles en zona turística y la inseguridad de algunos sitios fuera de ellas.

No pocos mexicanos se hospedaron en favelas pacificadas durante Brasil 2014 y la mayoría cuenta emocionadísimas historias de esa experiencia: conocer el país real, convivir con lo genuino, acercarse al pueblo, la comida, la rutina. Por supuesto que implica cierto riesgo y menos comodidades, pero cada quien ha de dar el giro que quiera (y pueda) a su estancia.

Leo en el portal de Globo un buen artículo sobre la oferta de alojamiento alternativo para los próximos Olímpicos. Ahí me encuentro información sobre renta de apartamentos cercanos al estadio Engenhao, donde serán las pruebas de pista y campo; un área, lejana de Copacabana e incluso del mar, donde habría imaginado todo menos turismo. No obstante, es cómodo dormir a unos minutos a pie del punto en el que serán las competencias y, más todavía, pagar por los 17 días de los Juegos y por cinco personas, menos de dos mil dólares (entendamos que en cualquier hotel de Río, necesitarían dos habitaciones, cada una a casi 500 dólares la noche).

Qué bueno que haya opciones distintas. Mi única recomendación es que quien tome uno de esos caminos, se cerciore de las condiciones de seguridad y actúe de acuerdo a ellas.

Twitter/albertolati