imagotipo

Desde tierras Olímpicas

  • Alberto Lati

El tobogán acelera en su parte final, apura el deslizamiento en su pendiente más empinada: Río de Janeiro 2016 ya es.

Usain Bolt pisó la Cidade Maravilhosa, la Villa Olímpica salió de apuros con el trabajo contra el reloj de 500 empleados contratados de último minuto, el presidente del COI se instaló en la misma Villa, la delegación rusa va conformándose de a poquito entre lágrimas de Yelena Isinbayeva por no poder luchar por su cuarta medalla, los temores por la contaminación en la bahía de Guanabara que ruegan no llueva y empeore la situación para los veleristas, el primer contingente de mexicanos que ya entrena en la urbe carioca, el carril olímpico que es un misterio de difícil pronóstico, la seguridad que presume músculo (militares, tanques, motocicletas, armas) en cada confín de la ciudad, la escasa decoración que ha sido saboteada en algunos puntos, el pebetero móvil que se confirma innovará la noción del fuego olímpico, la antorcha apagada en otra protesta, la inmensa manifestación que se convoca para el día de la inauguración

Todo eso en una ciudad que, al cabo de una semana, será epicentro del planeta y vivirá minuto a minuto, en diferentes puntos, Mundiales de 28 deportes y 42 modalidades.

Las críticas, las protestas, los contextos sociales, económicos, políticos, ahí estarán de manera permanente, pero es momento para el deporte y eso no significa dejar de reconocer que mucho del espíritu olímpico se ha defraudado: con el coste de hacer los Juegos, con el tema del dopaje tan vigente ahora, con la politización que simplemente no se logra evitar.

Es momento del deporte y de cierta ilusión, de pensar en un mundo mejor, de ver a esas juventudes del planeta integradas, de ilusionarse con su competencia bajo idénticas reglas, de percibir su armonía, y reflexionar.

El sentido del fuego de Olimpia, tan manipulado y desorientado, sigue ahí. La necesidad de él, es mayor que nunca. Tras Río 2016, el festival del deporte más atribulado y conflictuado que se recuerde, algo mejor tiene que haber para el mundo. El ejemplo de perseverancia y superación, de respeto y tolerancia brotará de cada pista, de cada piscina, de cada escenario, de cada esfuerzo, de cada medalla.

Menos de una semana. Esto, ya empezó. A disfrutarlo que, cuando menos lo notemos, habrá terminado y tendremos que esperar otros cuatro años.
Twitter/albertolati