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Desde tierras Olímpicas

  • Alberto Lati

Cuando en 1993 Wang Junxia destrozó el récord mundial en 10 mil metros, no pudo haber más que incredulidad y suspicacia: hablamos de que había superado la marca anterior por 42 segundos, diferencia que nos obligaba a pensar mal.

23 años después y en plenos Juegos Olímpicos de Río 2016, se repite esa situación en la misma prueba: la etíope, Almaz Ayana ha roto la ya de por sí sospechosa marca, no por dos o por tres segundos (que ya sería una brutalidad), sino por catorce.

Para dimensionar: Wang Junxia, al margen, el registro más veloz que se haya conseguido en esa prueba, es de 42 segundos menos que lo corrido este viernes por Ayana, cuya especialidad son los 5 mil metros y quien emergió como total desconocida en los 10 mil. Sí, no es siquiera su especialidad y no era siquiera vislumbrada en el panorama de los 10 mil.

Si a lo anterior añadimos que recientemente se han filtrado informaciones que aseguran que en 1993 Junxia estaba dopada y que hasta seis atletas preparados por su entrenador han sido desenmascarados en su trampa, entonces es difícil dar crédito a Junxia y mucho menos, a Ayana.

Vamos a cada edición olímpica entusiasmados por descubrir a súper humanos, por conmovernos con el poder de la persistencia y el trabajo, por loar a genuinos titanes. Sin embargo, no podemos hacerlo como bebés, chupándonos el dedo, no podemos ser tan ilusos. Es imprescindible abrir los ojos: esa marca no entra en los parámetros de lo normal o lo esperable, con base en lo que los científicos aplicados al deporte concluyen.

Dos opciones: Ayana, es una de las deportistas más grandes de la historia o es una mentira suprema. Y para colmo, en el primer día de pista y campo, justo cuando venimos del escándalo y la suspensión generalizada a atletas rusos.

Quisiéramos creerle a Ayana y elevarla a un pedestal sin precedentes, pero esta vez las dudas tienen más fundamentos que la ovación.

Todo récord nació para romperse (Mark Spitz, ni más ni menos, me decía que el único récord que no se quiebra, es el de la prueba que se deja de efectuar). Aunque hay formas de verlos despedazar, y la forma de Ayana es, siendo amables, muy dudosa.
Twitter/albertolati