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Desde tierras Olímpicas

  • Alberto Lati

Una medalla que, lejos de relajar, evidencia: Misael Rodríguez ha asegurado presea en Río 2016 –increíblemente, al cabo de diez días, la primera para México– y, de paso, ha puesto en la mesa el debate sobre el rumbo de nuestro deporte.

Medalla de él y de nadie más, por mucho que a partir de ahora lo que va a sobrar va a ser gente lista para sostenerse de sus extremidades, en un afán de elevarse (o salvarse) con un vuelo del todo ajeno.

Medalla, claro está, para una afición y un pueblo que han visto estos Olímpicos, resignados a que toda bandera ha de izarse y todo himno ha de cantarse, menos los mexicanos.

Medalla para los demás atletas del país, tan insensatamente juzgados en los días pasados, quienes a partir de ahora podrán competir con menor presión.

Pero medalla, más allá de todo, que lejos de cerrar el tema, lo abre en tesitura extrema: esto no está bien y una presea (o dos, o tres, u ojalá más), no cambiará esa certeza; nuestro deporte está en crisis y parece incapaz de decidir por dónde ha de empezar a trabajar, qué es lo primero que ha de corregir, qué sentido ha de tomar, para salir de ese letargo.

Que la medalla haya llegado precisamente en una disciplina de contexto tan conflictuado como el boxeo, es significativo. Los uniformes parchados, pero también el boteo que ahora se hace viral, cuando tuvo que haberlo sido cuando emergió el escándalo: la protesta por esas condiciones no han de ser cuando se gana, sino cuando se aspira a ganar.

Misael hizo una pelea brava e inteligente, venciendo con claridad a un rival mejor “rankeado”, al que no dejó estar cómodo en todo el combate. Su mérito es muy grande. Su ejemplo, todavía más.

Se mantiene esa sensación, manifestada aquí antes, de que quienes destacan por México en unos Olímpicos, “lo hacen más pese al sistema que por el sistema”. Visto el caso, el boteo, los conflictos de intereses en el pugilismo, no tenemos duda de que así es.

Medalla para México: ¿festejo? No. Autocrítica. Hoy, más que nunca.
Twitter/albertolati