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Desde tierras olímpicas

  • Alberto Lati

Nunca, sea en tiempos remotos o contemporáneos, el acontecer político del país sede de unos Olímpicos había desplazado de tal manera a la información meramente deportiva o vinculada a la construcción de infraestructuras.

Cada que los medios internacionales intentan reportear respecto a los preparativos de Río de Janeiro 2016, se topan con un nuevo giro en esa telenovela en que está convertida la permanencia o salida de Dilma Rousseff de la Presidencia.

Intentemos recapitular lo acontecido en el último mes: el expresidente Lula corría riesgo de ser encarcelado; Dilma lo nombró jefe de Gabinete; se vetó esa posibilidad; el caso de la propia Rousseff continuó avanzando y los diputados, en una burdísima sesión, aprobaron su juicio político; los senadores parecía que harían lo mismo, con lo que su renuncia era inminente…, y de pronto se ha frenado todo bajo acusación de que estuvo mal conducido el proceso; freno que puede ser tan provisional, que esta misma semana el Senado termine por votar el mandar a juicio a Dilma.

A todo lo anterior añadir la constante detención y arresto de altos cargos (ayer mismo, el exministro de Economía, Guido Mantega) y un clima de polarización entre quienes apoyan y quienes se oponen a Dilma. Ya como colmo, que quien tomaría la Presidencia, el vice Michel Temer, fue suspendido de cualquier puesto de elección, por acusaciones de malos manejos de dinero en campaña.

Bajo ese contexto, nadie puede sorprenderse de que en Brasil apenas se hable de las esperanzas locales de medalla o de los no pocos problemas en preparativos olímpicos: si la contaminación en la bahía de Guanabara, si el Velódromo que estará a fines de julio, si las condiciones de la Villa Olímpica, si el virus del Zika que ya tendría que comenzar a remitir ante el cierre del verano carioca, si la nueva línea de metro que está justísima para su estreno en plenos Juegos; no, el deporte y los Olímpicos están entendiblemente rebasados.

No se puede hablar de lo demás, porque esto es tema muy relevante y prioritario. Ricardo Leyser, ministro del Deporte nombrado unas semanas atrás, intenta quitar hierro al asunto y desvincular Olímpicos de coyuntura política actual: “sigo el tema con mucha tranquilidad y esperando acontecimientos, pero nadie es imprescindible o insustituible”. En todo caso, hay una inmensa ansiedad por no saber qué pasará con la presidenta y quién inaugurará los Juegos.

Unos días atrás, hubiésemos podido garantizar que Dilma no llegaba a la apertura de Río 2016. Hoy hay elementos para pensar lo contrario.

A todo esto, en menos de tres meses se enciende el pebetero en Maracaná.

Twitter/albertolati