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Desde tierras Olímpicas

  • Alberto Lati

Una iniciativa que, por dificultades operativas que implicara, no podía dejarse de efectuar: los Paralímpicos de Río 2016 seguirán el ejemplo de los Olímpicos y contarán por primera vez con un equipo de refugiados.

A diez días para la inauguración, de momento se anuncia la presencia de dos atletas: un nadador originario de Siria y un lanzador de disco que se vio obligado a salir de Irán.

No por reiterar la cantidad de males que hoy padece el deporte -si el dopaje, si los amaños, si la politización, si la errónea mercantilización, si la corrupción directiva, si el descrédito con arrestos recientes como el del extitular olímpico para Europa acusado de ser cabeza de una red de reventa de boletos– vamos a negar que mejor acción no pudo ejecutar Thomas Bach.

Hace precisamente una semana, el director de Solidaridad Olímpica, Pere Miró, me explicaba en una entrevista para Claro Sports cómo nació algo que ya ha marcado a Río 2016 de la mejor de las formas. Y me decía que el equipo de refugiados comenzó a petición directa del propio Bach, que inició desde su asimilación de la mayor crisis de la historia en materia de desplazados, que partió desde la conciencia de que el deporte no podía quedarse de brazos cruzados ante tamaña emergencia.

Así, mientras Europa vinculaba la ola de atentados a la llegada de refugiados, mientras resurgía la islamofobia y repercutía ese sentimiento en el cierre de fronteras, mientras los refugiados pasaban largas semanas atorados en campamentos en Grecia, mientras soportaban actitudes de odio y racismo en los Balcanes, mientras morían miles en el mar Egeo, Río de Janeiro 2016 levantó la mano y dijo “bienvenidos aquí”.

Ahora viene un concepto que me explicaba la más famosa de las refugiadas en Río, Yusra Mardini: que no es posible aclamarlos en estadios a ellos y rechazar a sus semejantes al salir despavoridos de su país; textual, “si nos han aceptado tienen que aceptar a todos los refugiados del mundo (…) todos podríamos ser refugiados, nunca sabemos que pueda llegar a pasar. Nunca le desearía a nadie que pase por la situación mía, de ser refugiada, pero la gente debe entender que en cualquier momento podría toparse con una guerra y tener que dejar su casa y necesitan entender que como tratan a la gente, los podrían llegar a tratar”.

Los Paralímpicos seguirán con ese legado. Legado que quisiéramos que para Tokio 2020 no requiriera de continuidad, aunque se asume que, dadas las condiciones actuales, muy difícilmente así será y que, duele reconocerlo a cuatro años, esta problemática no habrá desaparecido del todo.

Enhorabuena por el comité paralímpico. Han tomado lo mejor posible del actual movimiento olímpico. Río 2016 sigue siendo ejemplar.

Twitter/albertolati