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Desde tierras Olímpicas

  • Alberto Lati

Entre los numerosos factores que han hecho exitosos a los Juegos Paralímpicos, debemos incluir su capacidad para adherirse de forma orgánica a los Olímpicos, aunque siempre haciendo prevalecer su esencia, su distintivo, su independencia. Eso puede verse en las dos mascotas, en los dos logotipos y hasta en el ritual de encendido.

Así que la antorcha, como cada vez sucede con mayor notoriedad, seguirá también para Río 2016 un proceso muy diferente. Se trata en realidad de cinco flamas a ser encendidas en las cinco regiones de Brasil (Brasilia, Sao Paulo, Belén, Natal y Joinville), más una adicional que traerá el fuego madre desde la cuna del paralimpismo, el hospital de Stoke Mandeville en la Gran Bretaña.

Imprescindible recordar que en esa localidad inglesa, el doctor Ludwig Guttmann comenzó a utilizar el deporte como método de rehabilitación de heridos en la Segunda Guerra Mundial, técnica que pronto se aplicaría a civiles y que daría pie al nacimiento de estos Juegos para personas con alguna discapacidad.

Así que la lumbre que encienda el pebetero de Maracaná este 7 de septiembre, será una simbiosis del calor de varios puntos en la extensa geografía brasileña, más el de esa clínica reconvertida en centro deportivo que se ubica a un par de horas en tren de Londres.

Ya en Seúl 88 se logró que los Paralímpicos se celebrarán en la misma ciudad que los Olímpicos, aunque la verdadera amalgama es muy reciente. El primer Comité Organizador compartido por los dos eventos, fue el de Atenas 2004, justo cuando se convirtió en obligación de quien obtuviera la sede olímpica, el también albergar la justa paralímpica.

Sin duda, se encontró el equilibrio perfecto, porque los Paralímpicos han conseguido aprovechar el gran peso mediático de los Olímpicos y hasta su infraestructura e instalaciones, pero al mismo tiempo continúan viviendo su propia historia.

El fuego que este 7 de septiembre iluminará a Maracaná, en su diferencia, será también un homenaje a la gran decisión tomada en Atenas 2004: justo cuando los dos Juegos se habían hermanado, se decidió que la lumbre paralímpica no brotara en Olimpia, sino en el Templo de Hefesto, ese dios que tenía un problema de discapacidad, pero aún así continuaba siendo especialmente poderoso –tal como los miles de atletas que nos impresionarán a partir de la próxima semana en Río de Janeiro.

Twitter/albertolati