imagotipo

Desde tierras Olímpicas

  • Alberto Lati

Ilusos quienes pensábamos que habría cierto aprendizaje de una historia tan reciente. Ilusos, porque, más bien, Río 2016 en su versión paralímpica tiende a repetir los males de Río 2016 en su versión olímpica.

¿Se acuerdan de la delegación australiana dejando la Villa Olímpica a unos días de la apertura? ¿Se acuerdan de lo que protestaba: cables sueltos, caos de plomería, ventanas que no cerraban, olor a gas? Pues un mes después varios de esos problemas vuelven a emerger en la ciudad de los atletas, ahora afectando a los deportistas que competirán a partir de la próxima semana en los Paralímpicos.

Se entiende que nada puede ser perfecto y que la complejidad de la operación es inmensa, toda vez que los participantes olímpicos apenas de-salojaron, pero no podemos más que asombrarnos por ver que un idéntico patrón vuelve a padecerse.

La situación más planteada desde los medios británicos (críticas a las que siempre vale la pena bajar una rayita de intensidad) es la limpieza de los cuartos, que en algunos casos debió ser efectuada por los propios atletas al instalarse. A eso se añaden los recortes económicos desde el Gobierno brasileño que llevaran al titular del Comité Paralímpico Internacional, Sir Phil Craven, a decir: “Nunca antes en los 56 años de historia de estos Juegos hemos enfrentado una situación así”; enunciado un tanto exagerado si se considera que de 1960 a 2000 los Paralímpicos debieron hacerlo todo al margen de los Olímpicos, aunque entiendo la postura: no tienen porqué sentirse peor tratados que los Olímpicos o admitir un retroceso en sus condiciones.

Como sea, esto parece un círculo vicioso. El Gobierno brasileño gastó parte del presupuesto paralímpico en mejoras de última hora de la Villa Olímpica y ahora no tiene dinero para atender prioridades en ese mismo recinto.

Las medidas de austeridad han obligado a los Comités Nacionales a cargar con costos de traslado, mas lo de la limpieza parece muy extremo. Más todavía, que la historia se repita en la Villa Olímpica justo con lo que indignó a los Olímpicos a poco de su inauguración: olor a gas, cables sueltos, crisis de plomería. En el primer caso, se resolvió; en el segundo, está por verse.

Twitter/albertolati