imagotipo

Desde tierras Olímpicas

  • Alberto Lati

Su rostro mostraba una plenitud jamás irradiada en sus numerosos triunfos como piloto de élite en deporte motor.

Alex Zanardi acababa de conquistar su primera medalla paralímpica dentro de la prueba de ciclismo y en medio de una nube de periodistas, abrazos, gritos, lágrimas, clamaba frases conmovedoras: “Soy alguien muy suertudo, que regresó a la vida, la suerte sigue llegando a mi vida; durante mi rehabilitación, los más grandes puntos de referencia, de inspiración, eran otros pacientes que en mi situación ya habían batallado el problema y hallado solución; sin motor se siente muy montañoso este circuito, no me había dado cuenta de que era tanto arriba y abajo, pero cuando tú eres el motor es más pesado”, explicaba al recordar que con un monoplaza ya había recorrido esa misma pista donde ahora se elevaba a la cima del podio de Londres 2012.

Zanardi buscará en Río 2016 más medallas, tras los dos oros y una plata que se llevó cuatro años atrás. Disciplinado, ilusionado, fuerte a sus casi cincuenta años, es incluso más favorito que en Londres.

Su mensaje tiene que ser reiterado permanentemente: encontrar sentido a lo que parece haberlo perdido, sobreponerse a todo, reinventarse incluso bajo cierta limitante o discapacidad, mostrar que el ansia de superación no puede terminar atorada ante algún obstáculo; tenacidad, ambición, sagacidad, hambre, poder.

Como lo definí por entonces, justo mientras escribía emocionado en el tren que me devolvía a Londres tras ver a Zanardi campeón: Alex de dos vidas, Alessandro Magno que es hoy monumento de carne y hueso al carácter, al perseverar, al triunfar pese a todo, sobre todo, por encima de todo.

Una vez que Alessandro se salvó del aparatoso accidente del 15 de septiembre de 2001 en el circuito alemán de Lausitz, volvió ya con prótesis a esa pista y compitió con un monoplaza adaptado a su discapacidad: ¿darse por vencido? Nunca. Y es que de eso se tratan los Paralímpicos que se inauguran ya este miércoles.

Ahí, seguir a Zanardi será, de nueva cuenta, lujo, lección y privilegio.

Twitter/albertolati