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Desde tierras Olímpicas

  • Alberto Lati

Pese al veto total a sus atletas de los Pa-ralímpicos de Río 2016, Rusia estuvo presente de dos maneras en la ceremonia de inauguración: primero, en la ausencia del titular del COI, Thomas Bach, atribuida casi con absoluta certeza a su molestia por tan dramática medida tomada ante los atletas paralímpicos rusos tras el escándalo de dopaje (algo que él no permitió, dejando que la federación de cada deporte decidiera); segundo, con la delegación de Bielorrusia, que se ocupó de hacer ondear una bandera de sus vecinos rusos en su desfile en plena apertura en Maracaná.

Con el tema de Bach, habrá larga cola de sucesos. Se trata, ni más ni menos, de la primera ocasión en 32 años en que el presidente del COI no acude a la inauguración de unos Paralímpicos de verano; para comprender la dimensión, la última vez que eso pasó, fue en 1984, cuando estos Juegos ni siquiera se efectuaban en la misma sede que los Olímpicos. El dirigente ha puesto como excusa su asistencia a los funerales del presidente alemán Walter Scheel, aunque también se rumora que pudo cancelar debido a que las autoridades brasileñas pretenden entrevistarse con él por el caso de la reventa ilegal de boletos.

Con lo de los bielorrusos, ya sus autoridades paralímpicas se habían externadoinconformes por el castigo a ese país al que vencomo una especie de hermano mayor. Un día después de la protesta, el oficial que mostró la bandera fue expulsado de los Juegos, aunque desde el Ministerio de Relaciones Exteriores ruso, surgió una declaración: “un héroe ha aparecido”.

Este duelo que tiene a Rusia y su dopaje de Estado en el centro, también posee una lucha; Phil Craven, titular del Comité Paralímpico, se alineó con el también inglés Lord Sebastian Coe, quien decidiera suspender a todos los rusos de pruebas de pista y campo. Thomas Bach, cuya primera llamada de felicitación tras ser electo presidente del COI fuera del mismísimo Vladimir Putin, tomó una postura diferente desde un principio y luchó por mantener dentro a Rusia.

Al final, es una pena que la presunción de la culpabilidad tenga a decenas de atletas marginados de un evento para el que se prepararon cuatro años; una pena tan grande como que se utilicen órganos y agencias oficiales para contribuir a un sistema de dopaje, a hacer trampa, a obtener ventaja ilegal.

Rusia no pudo acudir a estos Paralímpicos, pero de entrada está muy presente: con la distancia de Bach, con su bandera infiltrada en pleno desfile inaugural.
Twitter/albertolati