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Desde tierras Olímpicas

  • Alberto Lati

Nadie podrá sorprenderse: si las tribunas olímpicas estuvieron tan poco pobladas, era inevitable que las paralímpicas lo estuvieran todavía menos.

Apenas han sido dos días de competencias, pero suficientes para asumir que Río 2016 entre multitud de errores y, sin duda, también algunos aciertos, fracasó estrepitosamente en el saber llevar aficionados a las gradas: una pena por donde se le vea.

El colmo de Río 2016 es que viene después de los Juegos (tantos Olímpicos como Paralímpicos) más exitosos que se hayan visto en materia de aforos. En los Paralímpicos de Londres 2012, se vendieron más de 2.5 millones de boletos. Pudo ser por la mediática presencia de Óscar Pistorius, pero el inmenso Estadio Olímpico se llenó en varias ocasiones, algo impensable en Río 2016, donde hemos tenido registros menores a las 8 mil personas en el inmenso En-genhao y de apenas unos cientos en otras instalaciones.

Ya lo he dicho antes y vale la pena recapitularlo: la actual recesión económica brasileña no facilita el gasto, a lo que debe añadirse la escasa afluencia de viajeros a Río de Janeiro para estas justas deportivas. Quiero decir: toda crítica al público por no ir, es tan absurda como injusta. Otro tema es el costo del boletaje y, más aún, el proceso para adquirirlo que nunca entendió la idiosincrasia brasileña, desde un principio debieron instalarse taquillas por toda la ciudad y no exigir el pago con determinada tarjeta de crédito. La problemática se complementó con la difícil accesibilidad a las zonas donde se ubican los escenarios; no todos pueden robarse tantas horas del día para estar en el tráfico (un cálculo: hasta cuatro horas para ir y venir del centro de Río a Barra de Tijuca o Deodoro).

Los resultados ahí están y, ante ellos, Río 2016 tendría que vaciar escuelas para dar a niños, adolescentes, jóvenes, la oportunidad de ser testigos de esas gestas atléticas. No por hacer más agradable a la vista la imagen televisiva de las tribunas, no por generar ambiente o euforia, por inspirar a toda una generación. Tener compitiendo a estos titanes y no convertir en testigos a sus habitantes, es triste, es lamentable, es un desperdicio.

Queda otra semana de Paralímpicos. Dudo se haga algo. Si no se reaccionó en los Olímpicos, menos sucederá aquí. La reacción necesitaba brotar desde que tres semanas atrás se reveló que nada más se había vendido el doce por ciento del boletaje.

Twitter/albertolati