imagotipo

Desde tierras olimpicas

  • Alberto Lati

Otros Juegos Olímpicos se juegan a partir de esta semana en Río de Janeiro; su meta no son medallas o récords, sino evitar que el gasto, ya de por sí elevadísimo, incremente en cada año.

Por ello ha sido anunciado que será disuelta la dependencia APO (Autoridad Pública Olímpica), para dejar en manos de la prefectura carioca la operación y mantenimiento de las múltiples construcciones vinculadas a los Juegos.

Eso implica un riesgo, ciertamente, porque entonces el alcalde tendrá que ver de dónde obtiene dinero para mantener en buen estado los escenarios, qué hacer con ellos, cómo sacarles provecho y evitar se conviertan en elefante blancos; en definitiva, evitar que sangren la economía local y, si se puede, que dejen a cambio alguna cantidad de dinero (dependiendo de su tamaño, en eventos, conciertos, recitales o cualquier actividad).

Londres 2012 intentó remediar estos temas con dos oficinas: la primera, más dedicada a proyectos, dirigida al legado olímpico; la segunda, más orientada a presupuestos y usos, muy parecida a la APO de Río 2016 que, como hemos explicado arriba, dejará de existir y acaso dejará un fuerte vacío. Como sea, el criticismo también ha sido constante en el caso londinense; el desembolso posterior a unos Olímpicos suele ser constante y, quien diga lo contrario, se engañará: el costo de un evento no puede cortar caja en la clausura paralímpica, cuando como consecuencia será imprescindible seguir utilizando fondos públicos para numerosas causas.

Por ejemplo, para la actual temporada de la Premier League, el West Ham se mudó al Estadio Olímpico. Todo fue de maravilla hasta que trascendió que la reconversión del escenario para albergar futbol, costó no menos de 400 millones de dólares, de los cuales el club hammer no pondrá ni cuatro millones al año por concepto de renta. O sea, crece la afrenta a las finanzas públicas. En el modelo del Parque Olímpico londinense, que reúne la mayor cantidad de instalaciones erigidas para los Juegos, fue creada la London Legacy Development Corporation. Sin duda, ha hecho grandes aportes en ahorro y desarrollo; muchos expertos señalan que su tarea debe ser estudiada por quien sea que organice unos Olímpicos, pero la realidad es que en Inglaterra se le suele ver con molestia por lo que siguen costando unos Juegos que ya están más de cuatro años atrás.

El post de Río 2016 se pondrá entonces en las manos de su alcalde. Brasil tenía que decidir si continuar gastando en salarios y toda la operación de su APO, o si ahorrarse eso, lo que acaso se traduzca en gastar más si la prefectura no acierta.

El tiempo dirá, pero, como sea, Río 2016 no ha terminado de pagarse. Ni siquiera es momento para saber su costo.
Twitter/albertolati