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Desde tierras olímpicas

  • Alberto Lati

Por primera vez en la historia, unos Juegos Olímpicos serán formalmente inaugurados por un presidente interino.

Dilma Rousseff ha caído a menos de tres meses de iniciar Río de Janeiro 2016 y su lugar ha sido tomado por quien fuera su vicepresidente, Michel Temer, personaje tan discutido legalmente, que está inhabilitado para contender por cargos de elección popular.

Como sea, y a menos que el Comité Olímpico Internacional modifique el protocolo, Temer será quien diga en el Estadio Maracaná, el próximo 5 de agosto, aquello de “Declaro inaugurados los Juegos de Río de Janeiro, celebrando la trigésimo primera Olimpiada de la era moderna”.

Caída, la de Dilma, que por siempre quedará marcada por los mega-eventos deportivos acontecidos durante su gestión y por las manifestaciones suscitadas, precisamente, en la víspera de la Copa Confederaciones 2013. Parece curioso y hasta irónico que su mentor, Lula Da Silva, haya visto en albergar Mundial y Olímpicos el camino más directo para lanzar a Brasil como potencia mundial, especie de cereza en tan ambicioso pastel. El renacer del gigante sudamericano sería, según calcularon los líderes del Partido del Trabajo, con esos dos festivales atléticos en Maracaná. Imposible sospechar para ellos que en solo unos años, Brasil pasaría de crecer 8 por ciento a contraerse 3 por ciento, que el desempleo incrementaría, que las favelas teóricamente pacificadas se alborotarían, que la especie de reconciliación social tornaría en polarización (los ricos contra Dilma, los pobres a favor), que el escándalo de corrupción adquiriría esas proporciones, que Lula mismo estaría con riesgo de ser procesado y Dilma dejaría el poder para afrontar un juicio político.

El COI insiste en el mensaje de que un cambio de presidente, pese a las convulsas condiciones del Brasil actual, no es tan peligroso hoy como hubiese resultado en otra etapa de la preparación para los Juegos. Su argumento es que ya está todo prácticamente terminado y los fondos económicos entregados. Es más o menos cierto (y tampoco es que el COI pueda aseverar algo distinto, ni modo que lance palabras de preocupación o angustia). Lo que no menciona el COI, y sin duda teme, es que unos Olímpicos en una sociedad tan dividida y en medio del tamaño de la crisis política, distan muchísimo de ser ideales.

La mayoría de quienes han votado por enviar a juicio político a Dilma, tiene antecedentes de problemas con la ley. Como sea, la presidenta no ha podido frenar este proceso y desde ya, esos Olímpicos ganados por Lula en el congreso del año 2009, no arribarán con su discípula como mandataria durante la inauguración.

Ahí estará Temer en el palco, como en otras ediciones estuvieron monarcas, presidentes, emperadores.

Twitter/albertolati