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Desde tierras olímpicas

  • Alberto Lati

Ni nosotros nos podemos engañar, ni la FIFA puede hacerlo: un Mundial de 40 o 48 selecciones, como muy posiblemente se decidirá en enero, será de un nivel muchísimo más bajo.

Durante su etapa en la UEFA, el actual presidente de la FIFA, Gianni Infantino, fue de los parteros de la Eurocopa de 24 equipos, él, como todos, habrá visto en Francia 2016 en qué quedó el certamen que era símbolo de la más férrea competencia y alta calidad: una primera ronda sosa, unos octavos de final todavía difíciles de digerir y gran cantidad de cuadros sin la capacidad para brindar un buen
espectáculo.

Por supuesto que deseamos que el balón llegue a más sitios y que más aficiones gocen del privilegio de tener a su conjunto nacional en torneos de esta magnitud. Sin embargo, no a costa de la calidad o de la expectativa de ver el mejor futbol.

Si el Mundial aumentara a 48 para su edición del año 2026, el aforo incrementaría en 16 cupos. ¿Cómo distribuirlos? A la vista de lo conseguido en Copas del Mundo recientes, Concacaf merecería subir sus plazas antes que África o Asia y eso es mucho decir, si se considera que tres lugares y medio ya son demasiado premio para el futbol de la zona. Digamos que se otorgan a Norte, Centroamérica y el Caribe cinco y medio sitios, que a África se le aumenta de los cinco actuales a siete, que Asia pasa de los cuatro y medio de este momento a seis, que Oceanía ve cambiar su medio por uno (automático para Nueva Zelanda). Lo anterior ya es una barbaridad y apenas llevamos seis. Faltan diez puestos nuevos entre Europa y Sudamérica, acaso siete para el viejo continente (dejándolo en veinte totales) y otros tres para el Cono Sur (elevándolo a siete y medio).

El resultado de lo anterior, un Mundial con más partidos, con mayor duración, sin duda (y eso obviamente se busca) con más millones a repartir, con mejor aprovechamiento de las costosas infraestructuras del país sede y mayor retorno de inversión al anfitrión (también lo único positivo ha de recalcarse), pero que iniciará en forma realmente seria a las tres semanas de su apertura, como ya la pasada Euro demoró en emociones varios días.

La FIFA, como toda entidad de lucro, es experta en buscar maneras de multiplicar sus ingresos. Sin embargo, como quedaron claras sus intenciones en la asamblea de este jueves, va en serio con esta locura.

Con 24 selecciones era perfecto, aunque 32 es, en el límite máximo, aceptable. 40 ya es una exageración, 48, una aberración.
Twitter/albertolati