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Desde tierras olímpicas

  • Alberto Lati

A la FIFA nunca le ha agradado la idea de no poseer todas las facetas del futbol. Eso la llevó, por ejemplo, a asumir control del Mundial femenino, incluso cuando no creía en él y le costaba imaginar el inmenso auge que tomaría; o a fijar un reglamento de transferencias mundial cuando el futbol europeo (como consecuencia de la libertad de contratación del Mercado Común) se le había adelantado; o de tomar la bandera de dos certámenes que fueron creados por la iniciativa privada como la Copa Confederaciones (antes Rey Fahd en Arabia Saudita) o Mundial de Clubes (por muchísimo tiempo, Copa Intercontinental por las marcas japonesas).

Sin embargo, a los burócratas en Zurich se les escapó por mucho tiempo un tema: la elección y consagración del mejor futbolista de cada año. En ese sentido, la revista France Football fue la pionera al haber hecho votar a sus corresponsales desde 1956, aunque considerando sólo a elementos europeos o, más tarde, que militaran en el balompié europeo. Al paso, muchos rotativos instaurarían su galardón, pero ninguno con el peso de ese Balón de Oro; ni siquiera el concedido por la FIFA desde 1991, cuando ya era demasiado tarde para disputar la tradición a France Football.

Así, en 2010 la FIFA invirtió una buena cifra de dinero para convencer a la revista de que el mejor camino era la unión. Por cinco años, votaron directores técnicos, capitanes y algunos periodistas, hasta que France Football decidió no renovar la relación y desde este cierre de 2016 cada cual va por su lado y con su trofeo.

¿Qué hará la FIFA? Según explicó este lunes, algo parecido, con la mitad de los puntos dependientes de los seleccionadores y capitanes nacionales, al tiempo que el resto provendrá de encuestas en internet y periodistas.

El problema de las encuestas por internet, es claro: que resulta muy sencillo adulterarlas con votos múltiples de una persona o hasta robots impulsando una opción. El de los seleccionadores y jugadores, que comúnmente favorecen a sus compatriotas o compañeros en el club de procedencia.

Eso no significa que los únicos autorizados en el debate sean los periodistas, como France Football hizo desde siempre. Pero, acaso, sí los más controlados, enterados o teóricamente objetivos.

La polémica a partir de ahora va a ser la relevancia de cada trofeo. Otra herramienta más para que ese balón bipolar, mundo dividido entre Cristiano y Messi, continúe su eterna pugna.

Bastará con que cada crack gane uno de los premios para que sus respectivos campos definan a cuál creer.

Twitter/albertolati