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Desde tierras olímpicas

  • Alberto Lati

Detroit y Sapporo, respectivamente en EUA 1994 y Corea-Japón 2002, rompieron todo un paradigma: que era posible tener partidos de Copa del Mundo en estadios techados.

En el primer caso, con la mudanza desde la caliente California de todo el césped, para instalarse bajo el sorprendente Pontiac Silverdome –escenario que, por cierto, sería años después abandonado y luciría en el más decrépito estado.

En el segundo, con una tecnología que en el momento sonó a película de ciencia ficción: colocar la cancha a un costado del domo, al aire libre, y desplazarlo hacia el interior bajo un mecanismo móvil –cuatro años después, Gelsenkirchen utilizaría una instalación con esa idéntica peculiaridad en el Mundial 2006.

Valgan esos precedentes para referirnos al Estadio Krestovsky de San Petersburgo, acaso el más imponente de cuantos se construyen para Rusia 2018: por su diseño, basado en el del japonés Estadio Toyota, en cuyos planos se basa; y, sobre todo, por su ubicación, en el islote Krestovsky, en un punto privilegiado en la confluencia de varios canales en la maravillosa ciudad báltica.

Ahí los primeros problemas fueron logísticos: de demoras, de un precio que iba peligrosamente incrementando, de discusiones por dirimir quién asumía con los costos, de impago a varios involucrados en el proyecto.

No obstante, la preocupación ha emergido en los últimos días al comprobarse que una vez deslizada la cancha hacia el interior de la moderna estructura, resulta poco estable, muestra cierto temblor. Esto se descubre cuando la inauguración estaba a unas pocas semanas, obligando a nuevas obras (mayor gasto) y a cierta incertidumbre sobre cómo se evitará que lo más importante del torneo, el pasto sobre el que rodará la pelota, garantice un óptimo estado.

La futura casa del club Zenit ya está apuntada para la Copa Confederaciones de junio de 2017, con rol medular: albergará incluso la final. De acuerdo a las tradicionales exigencias de la FIFA, eso tendría que significar una entrega total para fines de este año, aunque en la Confederaciones de Brasil 2013 eso ya no se respetó (Maracaná y Recife concluyeron mucho después), como sí cuatro años antes en Sudáfrica 2009, dejando fuera del certamen a Port Elizabeth.

Lo cierto es que el proyecto comenzó desde mucho tiempo antes de que Rusia recibiera la sede mundialista y que a este paso habrá tardado toda una década en erigirlo. Por espléndido que se vea, si no se corrige lo del pasto, la obra habrá sido un fiasco.

El desafío asumido por Detroit en 1994 y por Sapporo en 2002, se dificulta tantos años después para San Petersburgo.

Twitter/albertolati