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Desde tierras olímpicas

  • Alberto Lati

Y, de pronto, todo parece haber sido una mentira muy bien (o, siendo sinceros, no tan bien) contada: que el proyecto de Qatar 2022 costaría más de 220 mil millones de dólares, que se construirían doce estadios en un diámetro similar al que conforman la Ciudad de México, Pachuca y Puebla, que varios de esos escenarios se desmontarían para reinstalarse en sitios de extrema pobreza, que se respetaría la costumbre Occidental de vender alcohol en los estadios, que se modificarían las medievales regulaciones laborales para garantizar los Derechos Humanos de quienes erigen toda la infraestructura mundialista.

Sea por el bajísimo precio del petróleo (medular para las economías del Golfo Pérsico), sea porque las cuentas no salen tan bien como se pensaba, pero Qatar ha modificado sus planes económicos.

Ahora bien: más que lo que gaste o deje de gastar, más que si se aferra a 12 estadios o disminuye esa cifra hasta los ocho requeridos por la FIFA para efectuar el torneo, más que la eventual resolución en relación con el alcohol, no es nuevo que preocupan y mucho las condiciones en que esa Copa del Mundo se está construyendo. Hace unos días se dio a conocer el fallecimiento de un trabajador nepalí en las obras del estadio Al-Wakrah; lo increíble fue que se anunciara como la primera muerte vinculada a áreas de construcción, cuando algunas estimaciones hablan de cientos y cuando se ha documentado el tipo de trato que reciben los 1.7 millones de inmigrantes desplazados específicamente con motivo del Mundial.

En su momento, Joseph Blatter intentó quitar la sede al emirato (recordemos que el apoyo principal provino de Michel Platini, mentor de Gianni Infantino), pero no lo hizo cuando entendió que eso podía costarle el cargo; si alguien tenía información sobre sus corruptelas, era el qatarí Mohammed bin-Hammam, quien fuera el operador de sus campañas y luego deviniera en su rival por la presidencia del organismo. Así que Blatter prefirió posponer y atenuar una caída que ya era inevitable, al tiempo que la actual administración prefiere hacer como que no ve.

¿El primer fallecido? Otra entrega más de esa mentira que pretenden (sólo eso) estar contando muy bien.
Twitter/albertolati