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Desde tierras olímpicas

  • Alberto Lati

La candidatura olímpica de Los Ángeles 2024 sigue adelante, como el equipo que ya no se juega nada en un torneo y continúa disputando todos los partidos hasta la jornada final.

Proyecto basado en gente cercana al partido Demócrata y, en particular, a los Clinton, en la ciudad californiana saben que la elección de Donald Trump como presidente los ha condenado a quedarse sin la sede.

Por mucho que esta semana el propio Trump haya sostenido una llamada con el titular del COI, Thomas Bach (al que ya estuvo enfrentado y del que ya recibió palabras directas en pleno discurso inaugural de Río 2016, aludiendo a egoísmo y delirios de superioridad). Por mucho que la campaña se base en proyectar a Los Ángeles como opuesta a la verborrea xenofóbica del magnate (la gran atleta Allyson Felix decía: “recién terminamos nuestro proceso electoral y algunos de ustedes pueden dudar del compromiso de EU con sus valores fundacionales. Tengo un mensaje para ustedes: por favor no duden de nosotros, la diversidad de estados Unidos es nuestra mayor fortaleza”). Por mucho que en el papel, de mejores sensaciones lo que Los Ángeles presenta en relación con sus rivales París y Budapest.

Un punto de inflexión serán las elecciones presidenciales de Francia a efectuarse el próximo año, todavía unos meses antes de la votación de la sede olímpica. Solo si ahí lograra ganar la extrema derecha francesa, encabezada por Marine Le Pen, Los Ángeles volverá a ser favorita; de otra forma, va condenada sin remedio al fracaso.

La mayoría de los delegados del COI tiene alguna razón para dar la espalda a Trump: las mujeres, los musulmanes, los latinoamericanos, los africanos, los chinos, los progresistas, los respetuosos de la tolerancia, la apertura y los Derechos Humanos. Por ello la consigna de esta candidatura es alejarse de Trump y más bien enfocarse en repetir que son la esperanza opuesta al manual de Trump.

Al margen de todo eso, Los Ángeles 2024 es similar a lo pretendido por Madrid para 2020: basarse en infraestructura existente y Juegos muy sensatos en gasto, justo cuando Tokio 2020 está hecho un lío de derroche e imposible ahorro.

Una pena que todo ese esfuerzo, como el de los madrileños en la votación anterior, sea para nada.
Twitter/albertolati