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Desde tierras olímpicas

  • Alberto Lati

Cuando se esperaba que la FIFA llegara a Rusia a efectuar justificados reclamos por la organización del Mundial 2018, el Gobierno local se anticipó a toda crítica y dio el primer golpe: si alguna parte tenía algo que cuestionar, declaró el poderoso VitalyMutko, era Rusia por la baja difusión otorgada al Mundial de parte de FIFA.

Todo eso cuando la cancha de San Petersburgo, vital para la próxima Confederaciones, ha probado ser inestable y requerir ajustes, cuando las construcciones de los estadios de Volgograd y NizhnyNovgorod se encuentran con severos retrasos, cuando el tema del dopaje de Estado no termina por concluir y cuando, en principio, habría tantos temas que poner en la mesa de parte la FIFA.

Sin embargo, el astuto Mutkoabrió el marcador y para cuando Gianni Infantino pisó Kazán para el sorteo de la Copa Confederaciones, se encontró con que, lejos de estar por recibir explicaciones y garantías, era él quien tenía que otorgarlas a las autoridades locales.

La realidad es que el camino de Rusia 2018 no ha sido especialmente sencillo, aunque a la luz de las noticias manejadas por la opinión pública sería posible pensar que sí. De hecho, me atrevo a decir que su caso no es demasiado diferente al del atribulado Brasil 2014, sólo que con una relación más fluida de sus autoridades con la FIFA respecto a lo sucedido en el Mundial anterior, donde todo fue disputa –recordarán al entonces secretario general, Jerome Valcke: “menos democracia es mejor para el Mundial.Cuando se tiene a un fuerte jefe de Estado que pueda decidir, como puede ser Putin en 2018 (…) para nosotros los organizadores es más fácil que en un país como Alemania, donde uno debe negociar a diferentes niveles”.Valckecayó, pero el modelo permanece.

El principal problema que hoy tiene la FIFA con Rusia 2018, es de movilidad, es de enlazar tan distantes sedes, es de operatividad, es de alojamiento en varios sitios con escasa oferta de hospedaje, es de precios muy elevados. Similar, por supuesto, a lo visto con Brasil 2014.

Por supuesto que con Sudáfrica 2010 todo resultó más práctico, por mucho que en todo el proceso previo al evento, incluso unos meses antes de la inauguración, diversas veces reiteraran que la sede sería quitada a la Nación Arcoíris. A Sudáfrica le obligaron a retirar a Porth Elizabeth de la Copa Confederaciones 2009 por no haber estado listo el escenario un semestre antes del torneo; de haber usado tal criterio, Brasil no habría tenido varios estadios en la Confederaciones 2013 y el Mundial 2014, lo mismo que Rusia para las competiciones de 2017 y 2018.

Así que si FIFA viajó a Kazán pensando en poner orden, regresó de la ciudad tártara llamada a ponerse en orden. Eso es saber hacer política. Y el genial Mutko sabe hacerlo muy bien.
Twitter/albertolati