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Desde tierras olímpicas

  • Alberto Lati

El mensaje más reiterado será de austeridad, será de haber renunciado al imponente proyecto del despacho de arquitectos de Zaha Hadid, por mero ahorro y conciencia de tiempos difíciles.

La realidad es que ese Estadio Olímpico de Tokio, hubiese costado 2 mil 600 millones de dólares, pero que el nuevo implicará mil 800 millones, con lo que la etiqueta de instalación deportiva más cara de la historia, de cualquier modo le será adjudicada.

Muchas voces, sobre todo, las más tradicionalistas, se manifestaron con intensidad en un intento, porque el viejo estadio de Tokio 1964 se reformara y no se dinamitara. No obstante, esa batalla no prosperó y por primera vez tendremos unos Olímpicos en un escenario levantado, justo donde se celebraron otros Juegos hace unas décadas (sin contar Wembley, utilizado en 2012 solo para futbol, o Maracaná en 2016, que sí mantuvo parte del cascarón original).

Las excavaciones ya habían empezado desde hace unos días, pero apenas el domingo se dio el banderazo de salida a esa construcción. 16 meses de posposiciones, polémicas, cancelaciones, al fin han cerrado, en un episodio difícilmente relacionable con la calculadora y previsora cultura nipona –aunque símbolo de nuestros días: con las disputas que genera el derroche para un mega evento deportivo.

Vale la pena mencionar que si el proyecto inicial era todo futurismo, el actual es mucho más japonés. El arquitecto Kengo Kuma, fiel a lo que se le conoce, utilizará materiales y formas tradicionales, dotando a Tokio 2020 de un ambiente mucho más nipón. Precisamente, la eterna disputa que se puede ver en cada confín del archipiélago japonés, ese ir y venir entre vanguardia y pasado, estará en el nuevo estadio, desde mi perspectiva, lo mejor será un sello totalmente reconocible, algo de lo que no pueden presumir demasiado los estadios principales de Londres 2012 o Río 2016.

Eso sí, la sensación de haber viajado a otro siglo, de estar poniendo pie en pleno futuro, que planteaban los planos de la este año, fallecida arquitecta Zaha Hadid, no se conseguirá.

Al menos, el estadio ya está en marcha y promete concluirse a fines de 2019, algo que, tras tantos problemas, podemos dar por hecho.

Twitter/albertolati