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Desde Tierras Olímpicas

  • Alberto Lati

Más que una meta, una obstinación: Japón no puede repetir el vergonzoso error (¿o muy desafortunada casualidad?) que desembocó en las acusaciones de plagio con el primer logotipo lanzado para sus Juegos Olímpicos.

El parecido de ese diseño con el logo que presume el Teatro de Lieja en Bélgica es sorprendente, aunque los creadores por siempre insistirán que fue una simple coincidencia. Como sea, desde que ese escándalo saltó a mediados de 2015, las más altas autoridades del gobierno nipón efectuaron una especie de llamado para que en cada rasgo relativo a los próximos Olímpicos se perciba la originalidad, la inventiva, la vanguardia intrínseca a ese archipiélago.

El JapanToday ha explicado al inicio de esta semana que se formará un panel de asesores externos para certificar el proceso de selección de las mascotas: que la convocatoria sea abierta y justa, que se premie al mejor proyecto, que sean ideas de verdad nuevas, que se apeguen a la maravillosa tradición local.

El nuevo logotipo de Tokio 2020, que sin duda me parece superior al primero y retoma patrones del Japón feudal, ya fue votado de entre 14 mil opciones de una manera por demás transparente.

La mecánica nos lleva también a tratar de entender esta cultura. En cualquier otro sitio del mundo habría bastado con la convocatoria; en Japón es necesario formar paneles y contratar expertos, para mostrar que no hay intereses ocultos. Cuando el Comité Organizador ya no sabe ni de dónde cortarle al presupuesto, eso evidentemente cuesta y seguirá costando una vez que se haga otro panel más para la antorcha y demás situaciones.

El diseño de las mascotas de Tokio 2020 deberá entender que el éxito en Olímpicos recientes se ha basado en incluir cierta narrativa: no solo una botarga o muñeco agradable, sino con una historia que contar. Así como las de Londres representaban a las cunas inglesas de olimpismo y paralimpismo (respectivamente, Wenlock y Mandeville), Tokio 2020 habrá de escarbar en su historia para sacarnos del ya fastidioso animalito que solo sonríe.

No dudo que así será. Lo que los nipones temen es que así también costará.
Twitter/albertolati