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Desde tierras Olímpicas / Aberto Lati

  • Alberto Lati

Casi de origen, el concepto de la Villa Olímpica ha sido acompañado de expresiones como austeridad. El caso de Londres 1948, cuando los atletas durmieron en barracas militares de la Segunda Guerra Mundial, es por demás extremo. Sin embargo, debemos de considerar que hasta hace muy pocos años los atletas no eran personas acostumbradas a altos lujos y comodidades.

La suntuosidad solo llegó cuando se eliminó la restricción a profesionales. En todo caso, ha ido paulatinamente en aumento; así como Greg Louganis o Carl Lewis ya dispusieron de mejores condiciones que Bob Beamon o Mark Spitz, los emolumentos de UsainBolt y Michael Phelps los superan exponencialmente. A eso, añadamos la apertura de los Olímpicos a las mayores figuras de baloncesto y tenis, así como a algunos de los mejores futbolistas.

Por ello, una Villa Olímpica austera no era tan llamativa un par de décadas atrás y ya lo es. No obstante, la mayoría de los atletas, incluidos los que tienen capacidad económica para pagar la suite más cara de la ciudad, sigue prefiriendo hospedarse ahí por el ambiente que impera, por la experiencia única que implica.

Eso probablemente cambie en Río de Janeiro 2016. Ha trascendido que entre los recortes planteados por el Comité Organizador, se quitaría de las habitaciones de la Villa Olímpica tanto el aire acondicionado como el televisor. Sin el segundo, hoy por hoy cualquiera puede estar, al ser sencillo reemplazarlo con un tipo de computadora o tableta. Sin el primero, es imposible en Río de Janeiro aun en un mes como agosto, en el que no hace tantísimo calor.

Por vueltas que le dé, el Comité Organizador tendrá que buscar otro sitio de donde recortar gastos, porque eso es absurdo. Lo único imprescindible es que quienes hacen posibles los Juegos estén cómodos y esta medida lo impediría. Durante el período en el que tuve posibilidad de residir en Río, solo encontré apartamentos que carecieran de climatización en las zonas más humildes; hasta en las favelas es común que dispongan de equipo de aire acondicionado.

Un absurdo que obviamente no se materializará, pero que sirve de maravilla como artimaña populista: Insistir abnegadamente que como se cuida el dinero de los contribuyentes, los atletas se las arreglarán como puedan para no asarse.

Si en realidad se cuidara el dinero, habrían empezado por otras cosas y desde que recibieron la sede.

Las Villas Olímpicas siempre han sido austeras. Lo que plantea Río 2016, privándolas de aire acondicionado, es simplemente ridículo.
Twitter/albertolati