imagotipo

Desde tierras olímpicas / Alberto Lati

  • Alberto Lati

Con afán de recalcar la austeridad y responsabilidad asumida por Río de Janeiro 2016, se explica que el presupuesto para las ceremonias de apertura y clausura es diez veces menor que el gastado en Londres 2012.

No obstante, resulta imprescindible detallar un par de aspectos (y desmentir otro).

Primero, que los 127 millones de reales, equivalían a 60 millones de dólares cuando se estableció el monto a ser desembolsado (aunque con la devaluación de la moneda brasileña, hoy apenas son algo más de 30 millones de dólares).

Segundo, que Londres 2012 había fijado su presupuesto para la producción de las ceremonias en 65 millones de dólares, cantidad que a unos meses de la apertura, se duplicó. Sucedió que el Gobierno británico entendió (o fue convencido por el realizador Danny Boyle) el carácter único que esto supondría para proyectar a la cultura británica a cada confín del planeta. De tal forma que inauguración y cierre, al final se concibieron como inmensos spots a ser emitidos en horario híper estelar y a nivel mundial. El resultado, en los dos casos, fue sensacional y ninguna autoridad inglesa en materia de turismo o comercio internacional, objetó tal gasto.

Como puede verse, el estimado original de Río 2016 era idéntico al de Londres 2012, aunque se ha convertido en la cuarta parte después de las dos circunstancias detalladas…, de ninguna forma diez veces menos, como plantean sus encargados.

El mayor riesgo que tiene esta inauguración es atorarse en el cliché, en el lugar común, en los eternos temas de los que no logra (ni quiere) desencasillarse Brasil. Quizá ningún país se haya autolimitado tanto a un espectro tan bajo de color o actividad cultural. Uno de los más extensos y ricos del planeta, pero también uno de los más cerrados al proyectarse: carnaval, playa, mulatas, samba, balón, y si acaso algo más. Brasil, pese a lo que se empecina en mostrar al mundo, es muchísimo más.

Las últimas inauguraciones han sido espectaculares. Río 2016 deberá hallar forma de estar a esa altura. Su problema, en todo caso, no es el presupuesto, sino escapar al estereotipo que lo persigue.

Twitter/albertolati