imagotipo

Desde tierras Olímpicas | Alberto Lati

  • Alberto Lati

¿Una ciudad europea como sede de las pruebas ecuestres en Río de Janeiro 2016? Las amenazas existieron y se pretendieron serias, pero desde un principio enfatizamos en este espacio que solo se trataba de un “estira-y-afloja” que tarde o temprano se solucionaría.

Por supuesto que está el lejano precedente de Melbourne 1956, cuando precisamente el hipismo tuvo que albergarse a 15 mil 600 kilómetros de distancia en Estocolmo. Medio siglo atrás en Australia, como ahora en Río 2016, la razón era la misma: el marco legal de salubridad para la entrada y salida de los caballos imperante en el país anfitrión.

Finalmente, se anunció este fin de semana que ya hay un acuerdo o, más bien, una aprobación para no aplicar en este marco las regulaciones brasileñas. Y es que a eso iba toda esta controversia: a una especie de “manita de puerco” hasta que el Gobierno de Brasil autorizara introducir los caballos tal como la Federación Internacional de este deporte y, en específico, los representantes de la Unión Europea, lo deseaban.

Brasil no iba a cargar con la mala prensa consecuente de no albergar algunas de las competencias, a la opinión pública mundial vociferando que no pudo organizar todo el paquete. Mayores excepciones a su ley aprobó durante la pasada Copa del Mundo, con la denominada “Lei Geral da Copa” (Ley General del Mundial), a través de la cual la FIFA pudo hacer básicamente lo que quiso. Al mismo tiempo, desde que había presentado su candidatura para albergar los Juegos, iba dispuesto y condicionado a eso.

Según declaró la autoridad máxima del Gobierno brasileño para estos temas, “es como si tuviéramos ahí un área internacional, en la que las condiciones sanitarias para los animales están aseguradas”. En pocas palabras, un estado de excepción, porque a Brasil no le quedaba de otra (y que, seamos sinceros, no es para tanto si se consideran otros estados de excepción infinitamente más relevantes para las finanzas públicas o para la operación de una entidad política, bajo pretexto olímpico o mundialista).

Lo que a mí me llama la atención de este caos ya superado, es que haya estallado a tan pocos meses de la inauguración. Son temas que debían de haberse zanjado mucho tiempo atrás.

Brasil ya sabía que iba a aceptar eso, porque no le quedaba de otra. Acaso solo forcejeó para aparentar respeto a sus leyes y no quedar como inevitablemente quedó: sometido ante el COI.

Twitter/albertolati

/arm