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Desde tierras Olímpicas | Alberto Lati

  • Alberto Lati

Parece sintomático que el mismo día que se publicó el calendario del torneo de futbol de Río de Janeiro 2016 y se oficializó que la final será en Maracaná, la presidenta Dilma Rouseff haya declarado que “los Olímpicos van a transformar a Brasil”.

No me refiero, como ella sí lo hizo, a las obras de movilidad, a la infraestructura, al cambio de cara que la urbe carioca intenta presentar para el megaevento deportivo, sino a ese viejo sueño brasileño: ver a su selección levantando la copa de un certamen de máxima relevancia en el estadio Maracaná.

El camino olímpico de la verdeamarela será así: sus primeros dos cotejos en Brasilia (entendible por el inmenso aforo del escenario, pero también porque se espera ahí un público más apapachador y menos crítico) para después cerrar la fase de grupos en Salvador de Bahía. De avanzar como líder, irá entonces a Sao Paulo, para posteriormente disputar semifinal y final bajo el exigente juez que es Maracaná.

Primero, a nadie sorprende que el scratch haya sido eximido de actuar en Manaos, evitándose el largo e incómodo traslado hasta el corazón del Amazonas. Segundo, que esta vez, a diferencia del Mundial del año pasado donde Maracaná apenas era opción hasta la final y Sao Paulo solo apareció en la inauguración, las dos ciudades más temidas por este representativo, serán parte intrínseca del camino por esa medalla de oro que falta en las vitrinas de la CBF.

Pese a lo anterior, se especula en Brasil que la participación olímpica del estadio Mané Garrincha de Brasilia está en duda, luego de que sus organizadores locales no han efectuado una serie de trámites. Eso cambiaría todo, aunque en este país ya nos hemos acostumbrado a que la abrumadora mayoría de las amenazas y riesgos, quedan solo en eso.

Dilma pronunció su discurso sobre el legado, al revisar las obras de la nueva línea de metro carioca (las cuales, por cierto, se mantienen en ritmo para terminar a unas semanas de la inauguración). Muchos brasileños piensan que el otro legado a extraerse de Río 2016, es ese triunfo en Maracaná, tan anhelado desde aquella fatídica tarde de julio de 1950.

Twitter/albertolati

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