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Desde tierras olímpicas | Alberto Lati

  • Alberto Lati

El regreso del golf al olimpismo tras más de un siglo de ausencia, ya tiene erigida su casa.

Después de no pocas polémicas (de hecho, diría yo que ésta ha sido la instalación de Río de Janeiro 2016 que ha levantado mayores controversias), el prefecto carioca Eduardo Paes pudo al fin inaugurar el campo de golf de Barra de Tijuca.

Atrás han quedado las protestas por asegurarse que la obra implicaba un desastre ecológico, atrás han quedado frenos y paros a los trabajos por partes de diversas instancias legales, atrás han quedado las exigencias de aprovechar los otros dos campos de golf previamente existentes en Río (aunque ninguno adecuado para los Olímpicos a decir de la Federación que regula los torneos de este deporte).

Si este campo de golf amenaza la preservación de determinadas especies, si el proyecto desde un principio era inviable, ya es tema pasado. Lo que no quedará ahí es la idea manejada en numerosas versiones periodísticas, de que el desastre ambiental ha desatado un negocio de unos 500 millones de dólares para particulares.

Al tiempo que no pueden dejar de ser enumeradas las polémicas y desavenencias, resulta imprescindible admitir que el campo luce sensacional y que su vista aérea tiende a convertirse en uno de los símbolos de estos Juegos.

Vale la pena recordar que solo en dos ediciones olímpicas se disputaron eventos de golf. La primera en París 1900 y la segunda en San Luis 1904. En el primer caso apenas participaron 22 golfistas, al tiempo que en el segundo fueron 77.

Por mucho tiempo se pensó que el retorno del golf al programa olímpico era inminente, aunque pocos hubiesen pensado que tendrían que transcurrir 112 años para que el regreso se materializara. Tiger Woods ya ha hecho pública su voluntad de participar, al tiempo que Rory McIlroy incluso ha decidido representar a la República de Irlanda y no a la Gran Bretaña en esta cita.

Uno de los mayores quebraderos de cabeza de Río de Janeiro 2016 ha terminado con la entrega de este campo. Ahora falta que se demuestre que el desastre ecológico tan reiterado, puede ser controlado.

Twitter/albertolati