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Desde tierras Olímpicas | Alberto Lati

  • Alberto Lati

Aquellas imágenes de pasión, euforia y emoción por recibir unos Olímpicos, empiezan a quedar lejos en el retrovisor. Nuestra generación ha sido testigo de un notable cambio en la manera en que cada población se aproxima a la posibilidad de tener en casa un certamen de esa dimensión.

Ahora ha sido Hamburgo la ciudad que ha abandonado la carrera por albergar la justa multideportiva del año 2024. Tal como aconteciera meses atrás con Boston o un par de años atrás con Múnich para los Juegos de invierno, los habitantes del puerto del norte de Alemania votaron que no les interesa. La evidente razón es que prefieren destinar tamaña cantidad de dinero a otros proyectos, aunque más relevante que eso es la madurez de un Gobierno que permite a sus ciudadanos ser parte de una determinación tan importante.

De forma tal que las alternativas para recibir la antorcha olímpica en nueve años se reducen París, Roma, Los Ángeles y Budapest, urbes que no someterán la decisión a un plebiscito.

Un grafiti cercano al caudal del río Elba mostraba los cinco aros olímpicos proyectando cada uno en su interior, alguna faceta consecuente de organizar un megaevento deportivo. En alguno, asedio de cámaras de vigilancia; en otro, alambradas con púas; en uno más, militarización de las calles; en otro, represión policial; y en el restante, dinero evaporándose. Grafiti que resume con precisión los motivos que han llevados a los hamburgueses a decir que no.

La última vez que Alemania fue olímpica sucedió en el ya lejano 1972. Desde entonces se han dado pocas intentonas, como Berlín para el año 2000 y Leipzig para 2012. No obstante, da la impresión de que cada vez será más complicadala postulación para ciudades que se atrevan a efectuar referéndums.

Como sea, es la única forma válida de lanzarse a ese gasto y proyecto. Si los Olímpicos afectan a todos, pues entonces han de decidir recibirlos todos.

Twitter/albertolati

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