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Desde tierras Olímpicas | Alberto Lati

  • Alberto Lati

Tema tan complicado como actual el de los denominados puntos ciegos en los estadios. Dicho término se refiere a aquellas gradas y espacios ubicados detrás de pantallas gigantes o pilares, por lo que suelen tener visión limitada o nula.

En otra época no era común esa problemática, dado que los escenarios carecían de elementos que bloquearan los ángulos de mirada hacia el espectáculo deportivo.

La primera vez que escuché que se hablara de dicho tema fue para la Copa del Mundo de Alemania 2006. Cuatro años antes, en Corea-Japón 2002, la decisión del Comité Organizador había sido directamente no considerar como parte del aforo esos bloques encasillados tras las pantallas o los espacios publicitarios (como el actual Estadio Azteca que suprimió del boletaje esa parte en las dos cabeceras). Fueron los alemanes quienes entendieron que siendo tan elevada la demanda de una grada para esos eventos, no podían desperdiciarlos y decidieron venderlos.

Así, hoy es común en todo estadio de las ligas importantes europeas, que se otorgue un descuento adicional para las tribunas parcialmente obstruidas (puede ser, por ejemplo, un plafón o estructura demasiado bajo, que obliga al aficionado a estirarse en algún tiro de esquina o acción por la banda).

En Londres 2012 se tuvo la interesante iniciativa de conceder tales asientos a personas con debilidad visual, bajo el entendido de que su disfrute del espectáculo no depende estrictamente de lo que sus ojos tengan perspectiva de apreciar.

Ahora Río de Janeiro 2016, al tener que efectuar modificaciones a su Centro Acuático para no encarecer el proyecto, se enfrenta a eso. Unas por otras, porque el costo del inmueble quedará en torno a los 70 millones de dólares, pero no se ingresarán unos 3 millones por concepto de venta de boletaje para los Olímpicos.

Instalación que antes ya ha sido criticada por la federación internacional, al no haber cumplido con el aforo prometido (25 por ciento menos que en los dos Olímpicos precedentes). Aforo que, con tal modificación estructural, será incluso menor.

De acuerdo al aprendizaje de eventos previos, Río 2016 tendría que vender esos espacios, con la obvia aclaración de su obstrucción de ángulo. Preferente es para el común de los espectadores asistir aunque poco o casi nada puedan ver.

Twitter/albertolati

/arm