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Desde tierras Olímpicas | Alberto Lati

  • Alberto Lati

Dos versiones muy distintas de la misma situación: ¿Cuánto afecta a Río de Janeiro 2016 la actual crisis política y económica de Brasil?

En los medios brasileños se publicó una entrevista con el presidente del Comité Olímpico Internacional, Thomas Bach, en la que se muestra tranquilo y confiado: “Estamos colaborando con el Comité Organizador y con la Prefectura de la ciudad para adaptar el presupuesto a la nueva realidad y a los desafíos que los brasileños están enfrentando (…); están haciendo grandes esfuerzos económicos, pero sin afectar la entrega de los Olímpicos (…). Los Juegos Olímpicos pueden ser catalizadores de esta recuperación”.

El mismo día, el diario inglés The Guardian entregó estas declaraciones del vicepresidente del COI, Craig Reedie: “Tienen dificultades políticas y económicas. Inevitablemente eso va a afectar los Juegos. Hay desafíos”.

Por muchas versiones y aproximaciones al tema que veamos, la realidad es bastante clara: si el juicio que se ha abierto en contra de Dilma Rousseff terminara por alejarla de la presidencia, evidentemente los Olímpicos estarían ante una crisis de muy difícil manejo. ¿Cómo se daría su salida? ¿Quién ocuparía ese cargo? ¿Bajo qué circunstancias se daría el proceso? ¿Cómo lo tomaría el pueblo brasileño? Todas ellas incógnitas profundamente ligadas a unos Juegos que arrancan en pocos meses; un quebradero de cabeza que el COI, normalmente apolítico, no quisiera tener que verse obligado a encarar.

Del otro lado está la cuestión económica, sin duda compleja; aunque vale la pena decir que eso no ha afectado directamente los preparativos olímpicos. Todo lo contrario, Río de Janeiro 2016, pese a sus reiteradas demoras y recortes presupuestales, no había estado mejor que ahora en su desarrollo de infraestructuras e instalaciones. Una evolución y aceleración tales como para dejar atrás años de muy lentos avances, con lo que la delicada crisis económica (devaluación, inflación) no es de momento el tema preponderante.

Es decir, lo político será mucho más grave que lo económico si Dilma tuviera que dejar la presidencia. De otra forma, habrá tensiones y preocupaciones, pero nada más que eso.

Twitter: albertolati

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