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Desde tierras olímpicas | Alberto Lati

  • Alberto Lati

Cuando Tokio enfrentaba a Madrid y a Estambul por la sede de los Olímpicos de 2020, convenció a los dirigentes del COI con un contundente argumento, sin precedente en la presentación de cualquier proyecto de este tipo: que ya tenía en una cuenta bancaria el dinero necesario para organizar esos Juegos y construir su infraestructura.

Por supuesto, también era convincente su capacidad logística, su tecnología, sus condiciones de movilidad, su estabilidad política, social, económica. No obstante, la cereza en un pastel de por sí impresionante y superior al de sus competidores, era esa cuenta bancaria: mientras que los demás verían cómo juntar el dinero, la capital nipona ya lo tenía agrupado y disponible.

Un par de años después, Tokio 2020 ha encontrado todo menos la paz presagiada con aquella cifra ya depositada en un banco. Ha sido el escándalo del logotipo plagiado, ha sido la cancelación del proyecto de renovación del Estadio Olímpico por ser demasiado clara, es ahora el presupuesto total que se ha elevado hasta seis veces de lo originalmente calculado.

Atención: no hablamos de una cultura poco dada al orden o a la planificación, sino nada menos que de la japonesa; no hablamos de un país con vaivenes políticos e inestabilidades sociales, sino del sólido Japón; no hablamos de una ciudad poco habituada a este tipo de exigencias, sino del mismísimo e imponente Tokio. Y ahí, este incremento.

Acaso sea esta la mejor muestra de que algo se está haciendo muy mal al enfocarnos en mega-eventos deportivos. Si Japón ha perdido por completo la brújula de sus gastos, qué podemos esperar de los demás países sede. Las exigencias son elevadísimas y sangrantes para las finanzas locales, por mucho que se intente y pretenda lo opuesto.

Si cuando faltan cuatro años y medio, Tokio 2020 ya se elevó seis veces en costos, no quiero imaginarme lo que será en el momento de mayor propensión a subidas, como lo son los últimos dos años.

El problema es grave y en donde menos pudo pensarse. Tanto, que no dudo que muchísimos japoneses estén arrepentidos de haber sido elegidos para albergar el certamen.

Twitter/albertolati

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