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Desde tierras olímpicas | Alberto Lati

  • Alberto Lati

La Navidad brasileña que antecede a Río de Janeiro 2016 es tensa. A los problemas de devaluación e inflación que ya acarrea la economía del país sede de los próximos Olímpicos, se añade que la agencia Fitch rebajó la calificación de Brasil al denominado bono basura.

Bajo ese marco, indicativo muy claro de las incertidumbres y temores que esconden las finanzas brasileñas, Río 2016 continúa batallando para bajar los costos derivados de albergar los Olímpicos. Ahora se ha anunciado que se eliminarán de los menús de cortesía, bebidas como whiskey y vino. El propio director de comunicación del Comité Organizador, Mario Andrada, reconocía que “no serán unos Juegos lujosos, pero eso no significa que vayamos a ofrecer agua de caño y empanadas fritas. Es sólo que con eso no tendremos que apretar el botón rojo que obligue al gobierno a darnos más dinero”.

Otro punto relevante es que algunas de las instalaciones temporales erigidas en cada uno de los escenarios de competencia, serán casas de campaña y no construcciones firmes.

En el fondo, hay también mucho de lo que se pretende proyectar a la población local, bajo el antecedente tan ríspido que supusieron las manifestaciones premundialistas, en específico por el costo que estos megaeventos deportivos implican para el organizador.

Evidentemente, con estas medidas bajan los gastos, pero Río 2016 parece estar ahorrando centavos y derrochando pesos (o Reales, que es su devaluada moneda).

Lo relevante hoy es conocer las cifras definitivas del presupuesto en materia de seguridad que, por mucho que insistan lo contrario, tiene que haber incrementado tras los atentados en París del pasado trece de noviembre. Brasil, en su amplísima extensión geográfica, tiene demasiados kilómetros de fronteras que resguardar y a eso añade la problemática derivada de haber abierto el perímetro de competencia hasta sitios tan lejanos como Brasilia o, sobre todo, Manaos.

Sin vino ni whisky, sin televisores en los cuartos de la Villa Olímpica, con casas de campaña, Río de Janeiro 2016 intenta mostrar su empatía ante la grave crisis que padece una nación cuyo bono ahora es considerado basura. Como quiera que sea, eso no alcanza para cambiar el daño económico que estos Juegos generan a un país que atraviesa tamañas dificultades.

Twitter/albertolati

/arm