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Desde tierras olímpicas / Alberto Lati

  • Alberto Lati

Suena muy bonito, e incluso esperanzador eso de “Debemos de hacer todo lo que podamos para proteger a esos millones de atletas limpios que hay en el mundo. Por su bien y por la credibilidad en las competencias deportivas, tienen que ser protegidos del dopaje y de las influencias corruptas”.

Palabras pronunciadas unos días atrás por el titular del Comité Olímpico Internacional, Thomas Bach, en un anuncio que muchos se apresuraron a catalogar como histórico, de las nuevas medidas contra la trampa en el deporte.

Sin embargo, por ahora eso no son más que palabras y meras buenas intenciones. El caso de dopaje sistemático de atletas rusos, escondido por autoridades de la Federación Internacional de Atletismo, más una situación similar en deportistas de Kenia, es apenas una minúscula punta del iceberg que se oculta bajo ese mar del doping.

Quizá haya llegado el momento en que el COI coloque una serie de asteriscos en las listas de medallistas y plusmarquistas del pasado, aclarando quién lo consiguió en una era de permisividad al dopaje. Eso quedaría perfectamente contrastado con récords mucho más sensatos, pero consumados en un marco de legalidad.

Algo así ha hecho el beisbol de las Grandes Ligas, colocando una seña aclaratoria a los registros de Mark McGwire (70 cuadrangulares en 1998) y Barry Bonds (73 en 2001), tan lejanos a lo que puede totalizarse en la actualidad.

Será grave, pero tal vez necesario, colocar un tache a buena parte del listado de pruebas de atletismo, natación, halterofilia, del pasado reciente. Solo así podrá realizarse un genuino borrón y cuenta nueva, asumiendo que por décadas hemos aclamado y admirado a infinidad de atletas dopados.

Claro que existe el concepto de presunta inocencia y la incapacidad de acusar sin pruebas, pero no podemos hablar de una nueva era de credibilidad, cuando a cada edición olímpica aparece como poseedora del récord mundial en los 400 metros femeniles, alguien tan discutible como Marita Koch, acaso el mayor de los experimentos de dopaje de la desaparecida Alemania Democrática.

Bien por las intenciones de Bach. Bien por esa mayor integración con la Agencia Mundial Antidopaje. Pero eso no basta. De hecho, siguen muy distantes de la meta de credibilidad que dicen perseguir.
Twitter/albertolati