imagotipo

Desde tierras olímpicas | Alberto Lati

  • Alberto Lati

Rebasada la línea de los 200 días para inaugurar Río de Janeiro 2016, hay dos formas de referirnos al costo que estos Juegos tendrán, cambiantes de acuerdo a cómo interpretemos la devaluación de la moneda brasileña.

Cuando la sede se concedió a fines de 2009, el presupuesto estipulado fue de 26 mil millones de reales, en ese momento (tipo de cambio aproximado en 1.9 reales por dólar) equivalentes a 13 mil 900 millones de dólares.

Hoy, cuando los Olímpicos están a pocos meses de arrancar, el monto a ser gastado se ha elevado a 38 mil 600 millones de reales (tipo de cambio actual, 4 reales por dólar), traducibles a 9 mil 600 millones de dólares.

Ecuación muy compleja, porque a lo largo de estos siete años de preparativos Brasil ha ido desembolsando reales a distintos tipos de cambio, con lo que un monto sensato podría ser fijado en los 15 mil millones de dólares. Como sea, los optimistas mantendrán que Río 2016 no va a ser más caro de lo prometido, al tiempo que los pesimistas aseverarán que por supuesto que sí.

Todo lo anterior, bajo la premisa poco probable de que los 38 mil 600 millones de reales no incrementen todavía más. Digo que poco probable porque estamos exactamente en el periodo en el que más suelen elevarse los presupuestos: dobles turnos, materiales más costosos para compensar las demoras, nuevas demandas de seguridad (¿recuerdan que Londres 2012, a dos escasas semanas de la apertura mando traer 3 mil 500 soldados adicionales?).

Como sea, tengo la sensación de que las autoridades brasileñas hicieron un genuino esfuerzo por mesurarse en el derroche, a diferencia de lo que pasó con el Mundial 2014. Al leer la inicial cifra de 26 mil millones de dólares, yo pensaba que, cuando menos, se duplicaría. Eso, al margen de cómo tomemos la cotización de la moneda brasileña, no ha sucedido.

El siguiente tema es el provecho que Río de Janeiro y el país completo sacarán de estos Juegos. Es ahí donde el Comité Organizador, como todos sus pares en Juegos precedentes, exagera.

Más infraestructura, sí, porque lo contrario con tamaño gasto sería penoso. Certeza de empleos y derramas económicas a mediano plazo, no tanto.

Twitter/albertolati

/arm