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Desde tierras olímpicas | Alberto Lati

  • Alberto Lati

Empecemos por llamarle a las cosas por su nombre: si alguna delegación desistiera de participar en Río de Janeiro 2016 a causa del virus zika, no se trataría de un boicot, sino de mera (y acaso, justificada) precaución.

Boicot fue con lo que numerosos comités nacionales amenazaron en Berlín 1936, a causa de la exclusión de la que ya eran presa los judíos en la Alemania nazi, aunque solo Irlanda dejó de acudir por esa causa. Boicot fue lo acontecido en Melbourne 1956, algunos países árabes por la crisis del canal de Suez y otros por la no exclusión de atletas de la URSS, tras la entrada de tanques soviéticos a Hungría. Boicot fue lo de 22 naciones africanas en Montreal 1976, por mantenerse en el olimpismo a una Nueva Zelanda que había recibido giras de rugby de la Sudáfrica del apartheid. Boicot fue, sobre todo, lo de Moscú 1980 y Los Ángeles 1984; en el primer caso, países encabezados por EUA en su oposición a la URSS por su invasión de Afganistán; en el segundo, de 15 comités, con los soviéticos a la cabeza, bajo alegato de no tener garantías de seguridad en suelo norteamericano. Boicot fue lo de Corea del Norte y otras representaciones comunistas, en Seúl 1988.

Como queda claro, un boicot es meramente político: a la par de las sanciones y embargos, negar a los atletas el ir a competir; forma de utilizar al deporte para revindicar una causa y proyectar una postura con la notoriedad que unos Olímpicos permiten.

Nada de lo anterior, obviamente, tiene que ver con el Zika en el actual Brasil. Establecido lo anterior, se debe de entender que es derecho de cada atleta y país viajar o dejar de hacerlo al sitio en el que no se considere seguro. Con la incertidumbre que se mantiene alrededor de los efectos de este virus, con la problemática adicional en mujeres embarazadas o en proceso de embarazarse, con la rumorología que todavía es más que las certezas, Brasil acarrea hoy muy desafortunados (porque no son su culpa) riesgos.

Faltan muchos meses y la salida del verano carioca, con un clima menos caliente, tendrá que ayudar. No es momento todavía para decidir. Al tiempo, tampoco para que el COI concluya en tono triunfal, como el utilizado este viernes, que nada sucederá.

Si Río tiene una alta incidencia de Zika en junio, entonces sí deberá analizarse una solución sanitaria. Como sea, hablar de boicot es revolver: quien no vaya a los Olímpicos por temor de la epidemia de Zika, no estará actuando en aras de echar a perder la fiesta o sabotear el evento; lo estará haciendo por salvaguardar la identidad de sus deportistas.

Twitter/albertolati

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