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Desde tierras olímpicas | Alberto Lati

  • Alberto Lati

Una sociedad convertida en mosaico tiene que corresponder a una delegación deportiva que lo sea también.

Estados Unidos, país de inmigrantes en el que prácticamente todas las culturas han echado raíces y tienen cierto tipo de presencia, nunca había contado con una deportista de talla internacional que se cubriera el cabello a la usanza islámica con hiyab.

Lo anterior por multitud de razones, aunque la medular es que normalmente quienes profesan ese nivel de religiosidad, no se acercan al deporte y, mucho menos, siendo mujeres.

Ibtihaj Muhammad nació en el seno de una familia musulmana en Nueva Jersey. Su credo, sin embargo, nunca la alejó del deporte. El único problema era que en la mayoría de las especialidades, la mujer se ve expuesta a prendas que contradicen su tradición: atletismo, natación, voleibol, gimnasia. Todo cambió cuando descubrió que en la esgrima no existiría ese desafío.

Años después, ya con una medalla de oro conquistada en los Panamericanos de Guadalajara 2011, Ibtihaj tenía que haber participado en Londres 2012. Sucedió que la rotación de modalidades excluyó en esa ocasión el sable por equipos, lo que quitó a Muhammad la posibilidad.

Hoy ha ganado su sitio en Río de Janeiro 2016, con lo que será la primera deportista estadunidense en competir con hiyab. Un detalle demasiado simbólico como para escapar a la visión del presidente Barack Obama, quien la incluyó en una lista de destacados musulmanes con quienes se reunió recientemente en su visita a una mezquita.

En un contexto de polarización, de miedo a quien parece distinto, de intolerancia y paranoia, Ibtihaj nos recuerda dos idearios: el olímpico, que siempre ha de luchar por la inclusión e igualdad; y el estadunidense, donde cada cual puede ser ciudadano y a la vez tener filiación a una específica creencia o procedencia.

Atletas de algunos países europeos, ya han actuado con hiyab. Ahora es el turno de Ibtihaj Muhammad para romper ese paradigma y dar una lección de diversidad a los prejuicios de su país.

Twitter/albertolati

/arm