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Desde tierras olímpicas | Alberto Lati

  • Alberto Lati

Cuando el 25 de noviembre de 1892, el Barón Pierre de Coubertin encabezó en la Universidad de la Sorbona en París la primera asamblea del naciente Comité Olímpico Internacional, nadie pudo imaginar algo parecido.

Mucho menos, cuando el 26 de octubre de 1863 en el pub londinense de FreemasonsArms, once delegados ingleses llegaron a un acuerdo para unificar las reglas del futbol.

Ya ni decir, cuando el 21 de mayo de 1904, en el 229 de la parisina Rue Saint Honoré, representantes de siete países dieron vida a la FIFA.

En esos tres precedentes, se estaba gestando la administración deportiva, aunque de ninguna forma se podía sospechar que estuviese naciendo una de las mayores maquinarias de poder internacional.

Lo del viernes en Zúrich ha dejado clara la magnitud. Más países votando que en la ONU, muchísimo dinero y geopolítica implicados, en eso se ha convertido la gestión del deporte.

Un poderío tan inmenso torna inevitablemente en algo delicado. Ya no se trata sólo de capacitar árbitros, coordinar torneos, revisar reglas de juego, generar un marco de legalidad para la conformación de los equipos. Esto representa un tema muchísimo más complejo.

El que alguien como el jeque bahreiní Salman bin-Jalifa, haya estado tan cerca de la presidencia de la FIFA, es para reflexionar. Su presunto rol en la represión de atletas durante las protestas de la llamada Primavera Árabe, es demasiado grave.

Al tiempo, el nuevo presidente de la FIFA, Gianni Infantino, es parte del grupo que posibilitó que Qatar consiguiera una sede mundialista, lo cual no es poca cosa, pero sí un tema con tesitura diferente.

La misión de Infantino en FIFA, como la ya comenzada por Thomas Bach en el Comité Olímpico Internacional, será analizada con lupa y partiendo de la premisa de que existe una urgencia por transparentar y reformar.

El deporte es hoy el principal medio de encuentro entre personas de todo el planeta. Su administración tiene que estar a esa altura: en valores, en decencia, en honestidad, en integridad, en respeto a los países que alberguen un gran evento, en desarrollo de quienes más lo necesitan, en utilización de ese balón como medio de armonía.

Ojalá que lo comenzado este viernes en Zúrich sea positivo. Ojalá, aunque el verdadero cambio no se ve venir. No todavía.

Twitter/albertolati

/arm