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Desde tierras olímpicas | Alberto Lati

  • Alberto Lati

Una bomba de relojería llamada Velódromo de Río de Janeiro 2016. En días en los que ya tendría que estar no solamente terminado, sino a punto de ser oficialmente probado, se ha cambiado a la constructora que erige esta convulsa instalación. La empresa Tecnosolo ha admitido que no cuenta con las condiciones para terminarlo en tiempo, lo que ha obligado a que se contrate a otra compañía.

El evento de prueba de ciclismo que tenía que haberse efectuado en este mes de marzo, por lo pronto se ha reprogramado a inicios de mayo y se especula que termine por postergarse aún más o de plano cancelarse (esto último, tan extremo, yo no lo creo).

Numerosas instalaciones han vivido su sesión de prueba incluso lejos de su total conclusión (por ejemplo, la de tenis), lo que nos permite asimilar que la demora del velódromo es relevante: de estar relativamente cerca de su complexión, bien podría ver rodar bicicletas en dos meses, lo cual se pone de momento en duda.

No olvidemos que en el Mundial 2014, algunos estadios fueron probados muy lejos de su finalización y otros ni siquiera estuvieron terminados en pleno torneo (la Arena Corinthians de Sao Paulo o la Arena da Baixada de Curitiba).

El cambio de constructora se da cuando Río 2016 ha salido de uno de sus mayores enredos al haber entregado por fin el Complejo de Deodoro, sede de las competencias de 11 disciplinas. Solo restan pequeños detalles en el que llegó a ser un par de años atrás el mayor quebradero de cabeza del Comité Organizador, al grado que se consideró seriamente trasladar sus pruebas a otro sitio.

Sin embargo, lo del velódromo constituye una genuina preocupación. Otra vez hay que trabajar contra el tiempo, con el incremento en costos que eso significa, recordando que ya en diciembre el precio de esta obra se elevó de 118 millones a 143 millones de reales (un aumento aproximado de siete millones de dólares).

Río de Janeiro 2016 ha sido mucho más eficiente que Brasil 2014 en numerosos puntos, pero, en el fondo, se mantiene un esquema de informalidad. Eso añadido a la gran crisis económica y política que asola al país sede.

Lo del Complejo de Deodoro, gran noticia, apenas puede ser festejado, porque lo del velódromo continúa en estado de caos.

Twitter/albertolati

/arm