imagotipo

Desde tierras olímpicas | Alberto Lati

  • Alberto Lati

Lo peor que podía suceder a Brasil es que su crisis política se convirtiera en polarización social, en división en las calles, en un peligroso caos entre posturas enfrentadas.

Así vive el gigante sudamericano su momento más tenso al menos desde 1992, cuando Fernando Collor de Mello se vio obligado a dejar la presidencia por un juicio político.

Sin embargo, el problema actual parece mayor. No es solo el escándalo de corrupción, no es solo la posibilidad de que la presidenta Dilma Rousseff vaya a los tribunales, no es solo la maniobra de colocar al expresidente Lula Da Silva en el gabinete para protegerlo de ser encarcelado (y el apoyo o la molestia por la intervención de llamadas entre estos dos personajes), son tres factores añadidos.

El primero, la crisis económica: el país que llegó a crecer ocho por ciento anual hoy se encoge hasta tres por ciento por año, más lo que supone la devaluación de la moneda local y la irrefrenable inflación.

El segundo, que los manifestantes han convertido el caso Lula en una especie de lucha de ricos contra pobres: las capas menos favorecidas son a las que se pretende identificar con la defensa de Lula y las más acaudaladas en contra.

Y, tercero, no lo olvidemos por mucho que entre tanto movimiento político hoy no sea prioridad noticiosa, ¡que estamos a cinco meses de la inauguración de los Olímpicos en Río de Janeiro!

Ya el colmo brasileño es que, a la par del escándalo Dilma-Lula y de las nuevas revelaciones por el enramado de corrupción de la empresa paraestatal Petrobras, el máximo astro futbolístico el país agudiza también sus conflictos con la ley. Se anuncia que Neymar tendrá que pagar al fisco brasileño 45 millones de euros, contienda que no le exenta de la que tiene abierta con el fisco español.

Por supuesto que, comparado con lo que citamos arriba, con tamaña polarización, con lo que representa esta crisis social, política y económica, lo de Neymar es de otro orden. En todo caso, no ha habido dos personajes más idolatrados en Brasil durante la última década, que Lula y Ney.

Los años felices parecen lejanos, pero no lo son tanto: apenas en 2011, Lula aplaudía que Neymar se hubiese quedado jugando en Santos y lo ponía como ejemplo para la nación.

Twitter/albertolati

/arm