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Desde tierras olímpicas / Alberto Lati

  • Alberto Lati

Tanto tiempo y tantos renglones utilizamos para explicar la relación de la actual crisis brasileña (social, política, económica) con los Olímpicos, pero en ninguno de ellos esperábamos que la bomba estallara como finalmente estalló.

Encima de sus incontables problemas y demoras, Río de Janeiro 2016 habrá de recorrer su último tramo con un nuevo Ministro de Deportes. El cambio se ha precipitado nada menos a que a cinco meses de la apertura de los Juegos: aguas contaminadas, instalaciones demoradas, virus del Zika, infraestructura de movilidad pendiente, promesas fallidas, precios disparados, devaluación del Real, precios híper inflados, escándalos de corrupción, un ex presidente (Lula) al borde de la prisión, una presidenta (Dilma) con riesgo de ser procesada e incluso derribada, descontento social…, y ahora esto.

¿Por qué ha caído George Hilton de ese, el cargo más importante del gobierno federal de cara a los Olímpicos? Por el intrincado escenario desatado a raíz de la voluntad de llevar a la presidenta Dilma Rousseff a los tribunales.

La salida de Hilton tendrá como contraparte una buena cantidad de votos en contra del juicio a Rousseff, algo que es oxígeno puro para la mandataria.

Antes que profundizar en el tema de este ajedrez político, resulta imprescindible aclarar que en el sitio de Hilton quedará Ricardo Leyser, quien hasta ahora había sido muy cercano a la logística de Río 2016 así como a la preparación de la delegación brasileña. Es decir, no percibo que haya quedado vacío alguno en esa silla. El problema es, sobre todo, en términos de percepción: que Brasil luchó y se desfalcó por albergar los mega-eventos deportivos en un afán de mostrar su estabilidad, pero ha resultado definitivamente lo opuesto: en ellos solo ha proyectado su disfuncionalidad, inviabilidad y retraso.

Hilton duró en el puesto poco más de un año, recordando que durante el Mundial 2014, el Ministro del Deporte fue Aldo Rebelo. Para comprender las razones de su caída hace falta digerir todo un manual de las alianzas y divisiones en el sistema partidario brasileño. Lo importante es que en los tratos necesarios para que Dilma sobreviva otro día sin ser juzgada, muchos políticos de primera línea cambian de Partido o dejan su puesto, y ahora fue turno de Hilton.

Llegados a este punto, Brasil ya solo quiere quitarse de encima los carísimos Olímpicos para resolver asuntos mucho más relevantes que tiene sobre sus doloridas espaldas.
Twitter/albertolati