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Desde tierras olímpicas | Alberto Lati

  • Alberto Lati

No dudo, y son palabras fuertes, que si Brasil hubiera entrado a similar crisis política y social un par de años atrás, el Comité Olímpico Internacional habría considerado mudar de sede a los Juegos.

Hablamos de una mera especulación, pero mis fundamentos son los siguientes: primero, que ya de por sí Río de Janeiro ha padecido gravísimos problemas de demoras y planeación; segundo, que es delicado, a cuatro meses de la inauguración, ver tan factible el juicio político a la presidenta Dilma Rousseff; tercero, que el escándalo de corrupción está por demás vinculado a los Olímpicos, a quienes erigen sus instalaciones deportivas e infraestructura (hasta cinco constructoras involucradas), a las autoridades políticas, a las alianzas y rupturas propias de estos días en Brasilia; cuarto, que inevitablemente se ha generado una férrea, incluso peligrosa división a favor y en contra del Gobierno; quinto, que el país enfrenta a la vez una terrible crisis económica; y sexto, que los locales han protestado en infinidad de ocasiones en contra de albergar el evento (mucho menos que previo al Mundial, pero la aversión se mantiene en las calles).

La cuenta regresiva de Río 2016, rebasará la barrera de los cien días, envuelta en un caos. Una fecha en la que ya tendría que estar todo, no solamente entregado, sino además probado, pero a la cual arribaremos con preocupaciones de diversos géneros.

Ya he dicho antes, en este espacio, que sin la ampliación de la línea del metro, que permita enlazar a Barra de Tijuca (corazón de los Olímpicos) con la zona turística de Copacabana-Ipanema-Leblón, todo será más difícil. Y esa es una obra que marcha tan justa de tiempo, que con demorarse un par de semanas no podrá estrenarse en Río 2016. Por ello, el Banco Brasileño de Desarrollo ha soltado un billón de reales más (alrededor de 290 millones de dólares) para poder acelerar ese proyecto.

Al tiempo, los cambios no paran: hace unos días, la salida del ministro de deportes, que a mi juicio sonó mucho pero pesa poco (quien lo sustituye, es en realidad quien cargaba con los Olímpicos); ahora también el titular de la agencia de Seguridad Pública, tras haber criticado con rudeza a Rousseff.

Cuatro escasos meses y los Olímpicos no son ni por mucho el mayor de los problemas de Brasil.

Twitter/albertolati

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