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Desde Tierras Olímpicas / Alberto Lati

  • Alberto Lati

Solo alguien se ha acordado del Óscar Pistorius deportista en la última semana. En medio de opiniones de abogados, políticos, periodistas de toda índole, criminólogos, sociólogos y psicólogos, todos ellos analizando su traslado a arresto domiciliario, y ha sido quien lo derrotara en Londres el que se acordó del Pistorius-atleta.

Alan Fonteles Oliveira, el velocista brasileño que se impuso a Pistorius en la final de los 200 metros de los Paralímpicos londinenses, ése mismo, al que el sudafricano acusó de utilizar prótesis antirreglamentarias con lo cual habría conseguido vencerlo, ha declarado que si Óscar acude a Río de Janeiro 2016 está listo para volver a vencerlo.

Seamos sinceros: a lo largo de poco más de medio siglo de historia, el movimiento paralímpico jamás ha tenido un personaje con mayor resonancia que el apodado Blade Runner. A dos años y medio del asesinato de su novia, es fácil olvidarse de muchas cosas, pero Pistorius inspiró como nadie antes, puso el deporte paralímpico entre los mayores reflectores, propició atención e inspiración sin precedentes.

Su carisma, su fuerza de voluntad, su entereza, su lucha por ser olímpico, su cuento de hadas tan fácilmente comprado por un mundo (me incluyo) que quiso ver en él todo lo positivo.

No dudo que si Óscar Pistorius lograra revertir la especie de veto que le colocó el Comité Paralímpico Internacional y acudiera a Río de Janeiro 2016, la respuesta sería diametralmente opuesta. De consentido pasaría a paria. A quien todo se le aplaudiera, todo se le criticaría; a quien todo se le agradeciera, todo se le negaría; a quien tanto ilusionara, tanto se le repudiaría.

Y es un tanto injusto. Así como no hemos de juzgar la literatura de un escritor con base en su vida, no hemos de borrar el legado atlético de alguien de acuerdo a lo que realizó bien o mal en su faceta privada.

Lo que pasó el 14 de febrero de 2013 en Pretoria, no puede borrar lo que supuso verlo en Mundiales de atletismo u Olímpicos: Pistorius marcó un hito difícilmente repetible. Su caída en desgracia, quizá precipitada por la fama o cortina que supuso tanta gloria deportiva, no significó una traición a su historial deportivo: no se dopó, no compró rivales, no efectuó trampa. Su desastre, sin duda más grave, se dio lejos de la pista de tartán.

Alan Fonteles Oliveira sabe que nunca tendrá una victoria tan celebrada ni una competencia tan comentada. Acaso por eso es el primero que quisiera que el Blade Runner pudiera lograr algo que hoy luce imposible: correr en el estadio Engenhao en los próximos Paralímpicos.
Twitter/albertolati