imagotipo

Desde tierras olímpicas | Alberto Lati

  • Alberto Lati

Río de Janeiro no puede estar en paz ni cuando brota el fuego de sus Juegos en la antigua Olimpia; lo anterior, sin siquiera referirnos a la inminente posibilidad de que Dilma Rousseff tenga que dejar la presidencia de Brasil.

Uno de los proyectos de infraestructura más agradables que presumía este evento, era la ciclovía que conectaría a la exclusiva zona costera de Leblón con el corazón de estos Olímpicos, que es Barra de Tijuca. Un bello paseo, siempre viendo al mar y con la opción de conectar diversas playas: Leblón, Sao Conrado, Joá, Barra.

Una obra que, como casi todas, fue efectuada con demoras y no exenta de críticas. Semanas atrás, numerosos medios brasileños ya se referían a la prontísima decadencia de la recién inaugurada pista, a la calidad de sus acabados, incluso a su ancho por exponer a los ciclistas o corredores a ser presa fácil de asaltantes. En todo caso, no se podía esperar tan trágico desenlace: un tramo de la ciclovía se desplomó este jueves, propiciando el fallecimiento de dos personas.

Lo primero es lamentar que, como con Brasil 2014, los preparativos de Río 2016 no logren garantizar la integridad ni de quienes construyen las instalaciones, ni de quienes las utilizarán (reiterar: en esa ciclovía no habrá competencias, pero sí fue un proyecto de infraestructura hecho con motivo y para apoyo de los Juegos).

Lo segundo, reflexionar: ¿en qué estado se encuentran las diversas obras hechas contra el reloj?, ¿cuánto se puede confiar en edificios erigidos en una tercera parte del tiempo originalmente fijado?, ¿qué riesgos se esconden detrás de las prisas?

Sería precipitado asegurar que la ciclovía se desplomó por haberse precipitado en su construcción, pero queda como prueba irrefutable una nota publicada por el The Rio Times el pasado 15 de abril: “La apertura del primer tramo de la ciclovía se ensombreció por la calidad del trabajo y las preocupaciones por seguridad”. Por esos días las autoridades de Río de Janeiro explicaban que se trabajaba en triple turno para poder finalizar la obra. Y es factible que la terminen, pero no sé quién considerará seguro, a partir de este momento, subirse en ella.

El fuego de la paz ya ardió en el Templo de Hera en Olimpia. Paz que no tiene para cuándo corresponder a lo que se vive en la sede de estos Olímpicos.

Twitter/albertolati

/arm